Güeros, se estrena en Miami el filme mexicano más premiado
Güeros, del debutante Alonso Ruizpalacios, gran ganadora de los premios Ariel, de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas, la que seguramente estará también entre las favoritas para optar por los premios de la Academia de Hollywood, es de esas pequeñas joyas que no deben perderse.
Nos lleva por un viaje iniciático de cuatro jóvenes en medio de un tiempo convulso, la huelga que mantuvo en pie de guerra a los estudiantes de la Universidad Autónoma de México (UNAM), en 1999. Pero aquellos que viajan lo hacen por tedio y buscan otra cosa, el reencuentro con la nostalgia que les dejó un legendario músico de rock, la voz que hizo llorar a Bob Dylan.
Se trata, por un lado, de una necesidad urgente de cambio, de lanzarse a las calles con un romántico anhelo de libertad y justicia. Por otra, de la desidia, de la inmovilidad y la inercia, con una mirada de soslayo a la convulsa realidad de afuera. En este bando están los estudiantes “Sombra” (Tenoch Huerta) y su amigo Santos (Leonardo Ortizgris), quienes matan las horas de inactividad en un departamento sin electricidad, con momentos de luz que negocian con la niña de los bajos.
La moneda de cambio es un cuento. “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”. El relato más pequeño del mundo, de Augusto Monterroso, le imprime al habitual momento su nota poética. El filme, al son de las canciones de Agustín Lara, se luce por una naturalidad que a menudo matiza con poesía.
El descarriado chico Tomás (Sebastián Aguirre) ha sido enviado por su madre para quedar al cuidado de Sombra, el hermano mayor. Uno es moreno, otro es güero (rubio). El menor es el catalizador de la aventura en que se embarcarán, en busca del músico anónimo –hay algo aquí de la nostalgia viajera de Vivir es fácil con los ojos cerrados (Living is Easy with Eyes Closed). La cuarta pasajera es Ana (Ilse Salas), quien es el extremo opuesto de la pereza política. Activista del movimiento estudiantil, y atraída por Sombra, se ve colada en otra historia, la de estos jóvenes más interesados en su ídolo musical de nombre Epigmenio Cruz, que en revoluciones. Con apática filosofía, ignoran el caos que inunda el DF, pero no pueden evitar que la violencia y la rebeldía les toque también a ellos.
El filme, en blanco y negro, en contraste con la languidez de sus protagonistas, tiene un tempo y fluidez indetenibles; fijémonos en el ritmo febril de la primera escena, luego este modo se repetirá con cortes de edición que son como ágiles zarpazos, y una cámara en mano que echa a volar en tembloroso vaivén tras los personajes.
Un tono surrealista tiñe la atmósfera conceptual de este fresco lleno de referencias y guiños a la literatura, al cine dentro del cine, a la cultura de masas con su fondo del triunfante Big Brother televisivo, mientras este otro hermano mayor va en otro viaje, con sus ataques de pánico, su tedio y su muchacha. •
Esta historia fue publicada originalmente el 25 de junio de 2015, 2:40 p. m. with the headline "Güeros, se estrena en Miami el filme mexicano más premiado."