Manglehorn: un cerrajero llamado Al Pacino
El señor Manglehorn vive en un pueblo tejano, entre la cerrajería, la casa donde habita con su gata persa y un oscuro pasado. El hombre tiene un hijo rico, una nieta a la que lleva al parque, y una obsesión: una tal Clara, a la que envía cartas que no son contestadas, ni siquiera abiertas.
Al Pacino es el rostro del drama de David Gordon Green (Prince Avalanche) –y lo mejor que tiene. Pacino es el cerrajero Manglehorn en cuerpo y alma. Sobresale a su vez el guion de Paul Logan. Las secuencias del filme llenan de lirismo el vacío existencial de su protagonista, con detalles y parlamentos que provocan emociones disímiles. La escena del abuelo y la niña en el parque es adorable; la de Manglehorn padre e hijo (Chris Messina) en el restaurante tiene un sabor tan amargo que ni ellos logran comer; la del cerrajero y la empleada de su banco local roza la tragicomedia; un accidente múltiple, mostrado en cámara lenta es un momento extraño y absurdo. En este cuadro alucinante, sobre los autos chocados ha caído una lluvia de sandías, las víctimas, al ralentí, se muestran en distintas situaciones dramáticas y el viejo del gato se pasea ante la escena como quien mira un filme desde la distancia.
Nada muy especial ocurre, a la vista, a este hombre siempre enojado –y perfectamente caracterizado– que lanza cosas al suelo, se llena de una ira que luego disipa y le pide perdón a su gata por el ex abrupto. Lo único es que entabla una improbable relación con la cajera del banco (Holly Hunter) solo para hablarle de otra mujer, ese fantasma llamado Clara. Sin ella no hay felicidad posible.
La gata del cerrajero se traga una llave, lo cual no es raro. Luego se ve en detalle la operación quirúrgica que se practica al felino, lo que sí es raro. Un pequeño temblor de tierra, los monólogos en off de un hombre viejo que querría subirse a su bote y desaparecer en el mar, colorean de gris este retrato existencial.
¿Hacia dónde nos lleva el filme? Ni su protagonista sabe su rumbo. El misterio se localiza tras la puerta del fondo de la cocina siempre cerrada, por donde suele entrar este “angry man” lleno de fantasmas. Manglehorn habla de soledad y del desesperado sentimiento de continuar aferrado a lo que ya no está. •
Esta historia fue publicada originalmente el 25 de junio de 2015, 3:02 p. m. with the headline "Manglehorn: un cerrajero llamado Al Pacino."