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A Borrowed Identity: el rostro humano de un conflicto


Tawfeek Barhom y Daniel Kitsis en ‘A Borrowed Identity’, dirigida por Eran Riklis.
Tawfeek Barhom y Daniel Kitsis en ‘A Borrowed Identity’, dirigida por Eran Riklis. United Channel Movies

Un valioso trabajo nos trae Eran Riklis; con el nombre en francés Mon fils (Mis hijos) y conocido originalmente como Dancing Arabs, basado en la novela homónima de Sayed Kashua –que también se ocupa del guion–, el filme vuelve a poner en la mira el conflicto árabe israelí que otras cintas de Riklis (Lemon Tree) han abordado.

Con gran sencillez y legitimidad, desdobla el cineasta este fresco de un conflicto entre etnias desde el ángulo más humano, el de la familia, el amor, la amistad, el individuo. Cuenta una historia de vida en tres piezas o capítulos que conservan una relativa independencia.

La primera parte es apacible. Habla de la niñez y adolescencia de Eyad, un chico árabe dotado de gran inteligencia que vive junto a su familia en su ciudad natal árabe israelí. Se trata de un costumbrista retrato de vida familiar, con la sombra del sedicioso pasado del padre y una época, la de la guerra del Líbano y Arafat.

Luego viene una etapa más interesante y difícil, la del joven Eyad (Tawfeek Barhom), único árabe en una prestigiosa universidad de Jerusalén, en tiempos de Saddam Hussein, en la que intenta integrarse a una cultura y sociedad dominantes, perfeccionando el lenguaje con el que a su vez defenderá ante sus compañeros de clase su identidad palestina.

Su secreta relación con la judía Naomi (Daniel Kitsis) dispara los prejuicios raciales y religiosos (amor al estilo Romeo y Julieta que ya vimos en Omar, de Hany Abu-Assad). La madre de Naomi prefiere ver a su hija con un cáncer que con un árabe. Que Eyad no pueda ni siquiera acceder a un puesto de camarero, es otro lado del problema del joven, despreciado y relegado, junto a los de su etnia, a lavar platos en una cocina.

El tercer acto, de tono sombrío, en el que revienta el nervio de este drama social, narra la relación de Eyad con su amigo y compañero de estudios Jonathan (Michael Moshonov), que sufre de una enfermedad degenerativa, y con su madre Edna (Yael Abecassis). La pequeña familia acoge al joven árabe y este vínculo humano es la clave –desesperada, necesaria– para su vida. En este capítulo cumbre, que justifica el clandestino título, el filme toma por un sendero insospechado, y terrible como el mismo conflicto. • 

Esta historia fue publicada originalmente el 21 de julio de 2015, 2:16 p. m. with the headline "A Borrowed Identity: el rostro humano de un conflicto."

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