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Ball and Chain, jazz sin amarres en la Calle Ocho


Lydia Llanes y René Rodríguez toman la barra de Ball and Chain.
Lydia Llanes y René Rodríguez toman la barra de Ball and Chain. Especial/el Nuevo Herald

La fiesta es por todo lo alto. Si llega pasadas las 11 p.m. del sábado al Ball and Chain se puede encontrar con los bailarines danzando sobre la barra, frente a la puerta de entrada.

A los pies, hay una caja de madera que contiene una bola y una cadena de hierro de aquellas que llevaban los presidiarios que vestían el uniforme a rayas, algo mucho más pesado que su actual versión, el grillete electrónico con GPS.

El nombre del lugar, reabierto en su local original de la Calle Ocho en septiembre del 2014, está mucho más asociado al jazz que se tocaba en 1935, cuando abrió por primera vez en los años tardíos de la Gran Depresión. Los dueños originales tomaron el nombre de Ball and Chain, el éxito de la cantante Big Mama Thornton, famosa en los años 1920. También de esta canción Janis Joplin hizo una versión muy conocida a finales de los 1970.

Se recomienda llegar temprano. El fin de semana siempre está lleno, y hay una fila afuera. Acomodados en los sofás o en los pasillos del salón principal, el público baila y se mueve siguiendo el ritmo de La gozadera: “…la cosa está bien dura, la cosa está divina, …el mundo se está sumando a la fiesta de los latinos…” La música que pone el DJ El Ruso crea este ambiente que invita a divertirse sin parar.

En el centro del salón, de la barra circular atendida por Jorge Guzmán, salen los tragos de la casa. Tienen una lista confeccionada por el mixólogo Julio Cabrera, en la que corre el ron, el vodka, la ginebra o el whisky, mezclados con limón, jugo de albaricoque, miel, sirope, granos de café, o pedazos de hojas de tabaco.

El Mojito sigue siendo el preferido cada noche, junto al Bananita Daiquirí, una versión miamiense con crema de banana del trago que pedía a media mañana Ernest Hemingway en El Floridita de la calurosa Habana de los años 1950.

Otros tragos que llaman la atención por sus recetas y nombres son el Bananita Daiquirí, el Pastelito Daiquirí, el Calle Ocho Old Fashioned, el Pepe y Berta Collins y el Havana Regal. Enrique Chávez, un joven mexicano que visita el lugar regularmente, advierte en broma, pero con cierto respeto, del riesgo de pasarse con el Passion Fountaine.

“Esa mezcla de Peligroso Tequila, jalapeño, limón y cilantro puede sacarte los pelos del pecho que te quedaban por salir”, bromea.

En el menú, confeccionado por el chef Brian Aaron, hay una mezcla de ingredientes famosos de la cocina latina que se encuentran en Miami: mariquitas de plátano, chicharrones, arroz congrí, tacos de pescado, queso frito, quesadilla, rollitos cubanos, el sándwich Elena Ruz, el sándwich de pollo y los pastelitos de guayaba.

En el patio del Ball and Chain está el Pinneaple Stage con música en vivo. En el sitio web se anuncia a Locos por Juana, o a Brendan O’Hara and The Rescue, en las noches de Miami Boheme. Tito Puente Jr., en el espectáculo La Pachanga, y en las noches de Little Havana Under Stars hay clases de salsa gratis, karaoke, y la música de los DJ Edward y Danis La Clave.

Los miércoles son de happy hour entre las 8 y las 10 p.m., ideal para invitar a una amiga a escuchar el show del DJ Danny Stern.

Una ampliación de una foto de la esquina de la Calle Ocho y la 15 avenida del suroeste, tomada entre los tardíos 1930 y tempranos 1940, destaca en la pared derecha junto a un viejo piano. Bill Fuller, uno de los propietarios del lugar, muestra un cartel original de esa época que anunciaba los jam sessions. Realmente de colección.

Recientemente, el sitio www.miami.com destacó al Ball and Chain entre los mejores lugares de la ciudad donde ir a escuchar jazz. Las presentaciones en vivo son los domingos después de las 2 p.m. Allí puede escuchar a la banda Vlade Divak, mientras observa las copias de carteles de antaño anunciando a Count Basie y la orquesta de Joe Williams, Chet Baker, Louis Armstrong o Charlie Parker.

El domingo también puede pasar a disfrutar de una paella que sirven en el patio. Hable con el bartender César González, un conocedor de la historia del lugar. Mientras le prepara un trago, pídale que le cuente alguna buena anécdota.

De hoy se puede decir que el Ball and Chain es como Miami. Con música latina, jazz, rock, diversidad de gustos, fusión, bailes, acentos, cocina, tendencias y muchas maneras de divertirse. • 

Ball and Chain, 1513 SW 8 St, www.ballandchainmiami.com

Esta historia fue publicada originalmente el 23 de julio de 2015, 3:29 p. m. with the headline "Ball and Chain, jazz sin amarres en la Calle Ocho."

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