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Belleza del padre reúne magia y poesía

Francisco Gattorno y Camila Duarte en ‘Belleza del padre’, dirigida por Nilo Cruz.
Francisco Gattorno y Camila Duarte en ‘Belleza del padre’, dirigida por Nilo Cruz. Alicia Barrera

Si tuviera que escoger dos palabras que me ayudaran a definir Belleza del padre, la pieza del Premio Pulitzer de Teatro 2003, Nilo Cruz, que bajo su dirección se presenta en OnStage Blackbox del Miami-Dade County Auditorium, en una producción de Alexa Kuve para Arca Images y MDCA, serían magia y poesía.

Ambas empiezan por manifestarse en la sugerente escenografía de Fernando Teijeiro, en la que, tras una alfombra que delimita el espacio de un hogar, cuelgan armoniosamente marcos de diferentes dimensiones. Esta magia y poesía continúan luego en otros detalles, embellecidos por un estupendo trabajo de luces (Carlos Repilado), como una lluvia de pétalos de rosa, la figura que posa y recuerda la de joven con ánfora de una postal antigua o la fogata festejando a San Juan, donde se quema todo lo malo.

Hay un marco apoyado sobre el suelo y en él, sentado artísticamente, está el poeta Federico García Lorca (Ariel Texidó), al parecer, una de las obras en las que trabaja el pintor Emiliano (Francisco Gattorno), aunque hay otra, cubierta por un paño, reposando sobre un caballete. Lorca conversa e interactúa con Emiliano, es un muerto muy vivo, juguetón, travieso, divertido, aunque a veces algo, un sonido violento por ejemplo, hace que se palpe su camisa ensangrentada. Emiliano está ansioso, espera la llegada de una hija, Marina (Camila Duarte) a la que prácticamente no conoce y que desatará el conflicto al enamorarse de Karim (Roberto San Martín), un joven emigrante marroquí que, como muchos otros salió de su país en busca de mejor vida y quizás también de la familia que nunca tuvo, que ahora vive en la casa y que es, por desgracia, el amante de su padre. Karim, no obstante, está casado con Paquita (Anna Silvetti), pero no conviven, es un matrimonio para ayudarlo con la legalización de sus papeles. Generosa que es la Paquita.

Con este quinteto de estupendos actores, Nilo Cruz desata la poesía y la magia. Texidó está espectacular y brilla con luz propia, en una de las mejores actuaciones de su carrera. Al principio solo Emiliano lo ve, pero a medida que avanza la obra, no se sabe bien por qué, los demás también lo perciben y le hablan y él se crece. Silvetti, espectacular en su cándida Paquita, perfecta en su personaje, llena de gracia, de auténtica sencillez y también, de picardía y mucho salero andaluz. Gattorno construye un padre que se debate entre el amor filial y el amor carnal, muy creíble. San Martín está muy bien como el joven entre dos fuegos. El personaje proyecta en su pasión cierto desamparo que lo torna vulnerable. Duarte en su extraordinario debut aporta frescura y ganas de vivir. Magnífica es su escena final.

Belleza del padre es una pieza muy hermosa. Los dos actos con intermedio se nos van volando. Y lo lamentamos, quisiéramos que durara más, seguir disfrutando de la magia que tomó cuerpo sobre el escenario. De la poesía. Aunque en mi opinión la pieza no alcanza a provocar el impacto y la solidez de otras de Cruz –estoy pensando en Lorca con vestido verde, por ejemplo, donde también aparece el poeta– sí es una de las más bellas. Será porque refleja y resume la belleza del padre. • 

‘Belleza del padre’, funciones de jueves a sábado, 8:30 p.m. y domingo 2 p.m. OnStage Blackbox del Miami Dade County Auditorium, 2901 W Flager St., Miami. Tickets en arcaimages.org y la taquilla del teatro. (786) 327-4539. La obra está estrictamente prohibida para menores de 18 años.

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