Impactante la popular ópera Jenůfa desde Berlín
El derrotero de la más popular ópera de Janacek en la capital alemana comienza con un estreno decisivo por Erich Kleiber en 1924 (el mismo año del estreno metropolitano con Maria Jeritza) en la ópera Unter den Linden marcando la que será una renovada aunque breve época en la república de Weimar. Jenůfa arriba a Berlín vía Brno, Praga, Viena y Colonia. El éxito berlinés despierta el interés de Hamburgo, Dresde, Halle y otras ciudades, pero pronto chocará con el ardor xenófobo del nacionalsocialismo. No obstante, por su valores “folklóricos y populares” en una curiosa vuelta de tuerca regresará a la Berlin Staatsoper en 1941 –con Tiana Lemnitz o Maria Müller y Martha Fuchs– como guiño condescendiente con los países invadidos, lo que sucedería también con óperas de Smetana, Dvorak y Tchaicovsky. En la traducción alemana de Max Brod –que la popularizó como Jenůfa en vez del original Su hijastra– y reorquestación de Karel Kovarovik, pasaba como una Volkoper verista con matices puccinianos cuando no straussianos. Jenůfa regresará al Berlín de posguerra en 1949 en el Admiralpalast con Margarete Klose como la Kostelnicka, con varias puestas hasta nuestros días.
En su lengua original, el flamante DVD desde la Deustche Oper usa la edición 1996 que rescata la de Janacek en Brno, 1908, e inicia un auspicioso ciclo del compositor en la ópera berlinesa bajo Donald Runnicles. De impacto certero y seguro, Jenůfa es una pieza a prueba de balas cuya teatralidad y extraordinaria partitura la confirman una y otra vez como obra maestra. Y tanto en teatro como en DVD y grabaciones discográficas ha tenido la suerte que merece; imposible no mencionar la reveladora versión de Mackerras con Söderstrom, o las ya legendarias Kostelnickas de Varnay, Silja o Rysanek enfrentándose a Jenůfa del calibre de Mattila, Jurinac o Benackova.
La puesta minimalista de Christof Loy rivaliza en austeridad con otras recientes profundizando aún más vértices y ángulos musicales. En su desnudez, blancos y negros, la escenografía de Dirck Becker muestra un caja, una celda techada –excelente además para la proyección vocal– de blancura enceguecedora, a través de una sola ventanita se ve el paisaje. Los personajes contrastan vívidamente enfundados en negro o en colorida ropa moderna que acaba con el contexto folklórico, universalizando y actualizando el tema central. La estrechez del escenario es la de la prisión y también la mediocre mentalidad pueblerina, no hay salida. Escenario y orquesta se funden en total concordancia. Es una trama indivisible y apretada, que revela fundamentalmente el poder de la partitura. Loy plantea toda la ópera desde la mirada y recuerdo de la Kostelnicka que entra al presidio momentos antes de la obertura –por una vez no resulta un recurso fastidioso y remanido– contemplando la trágica cadena de eventos que la han conducido hasta allí. Su presencia está más suavizada que en otras asunciones del personaje, desde el remordimiento, la vergüenza y el dolor. Una excelente Jennifer Larmore plasma una sacristana reflexiva, doliente y contenida, sin robar protagonismo –como suelen hacer naturalmente– a la radiante Jenůfa de Michaela Kaune. Tanto el Steva de Ladislav Elgr como el Laca de Willi Hartmann perfectamente delineados y vocalmente impecables. Cada personaje exhibe un trabajo individual y cabe destacar que en el elenco cuenta con grandes veteranas como Nadine Secunde (la mujer del mayor) o Hanna Schwarz (la abuela) sin olvidar el coro a cargo de William Spalding. En el esperanzado final, la escena se vuelve negra, solo quedan las manos unidas de la pareja.
Dirigida por su titular Donald Runnicles, la orquesta del teatro sigue probando que es una de las mejores del mundo en su especialidad. De una urgencia que asusta, de una ominosidad que predice la tragedia o de una rusticidad que enfatiza la aldea, Runnicles saca lustre a tan precioso material. Filmada por el venerable Brian Large, pionero de estas lides, que sin interrumpir el drama solo abre el aplauso al final como merecida recompensa.
Una versión clara, profunda, que enfatiza cada faceta de una ópera extraordinaria y que compite al mismo, o mejor, nivel de las espléndidas versiones de Glyndebourne (Davis, Alexander-Silja), Barcelona (Stemme-Marton, Tambosi) y Madrid (Bolton, Roocroft-Polaski).
Janaček, Jenůfa, Runnicles, Dob, Arthausmusik Dvd 109069.
Esta historia fue publicada originalmente el 6 de septiembre de 2015, 1:40 p. m. with the headline "Impactante la popular ópera Jenůfa desde Berlín."