Horns: fatídico romance con cuernos
Gregorio Samsa despertó una mañana transformado en un monstruoso insecto, Pinocho vio que su nariz le crecía, y ahora el joven Ig Perrish descubre que le están naciendo cuernos en la frente. La nueva metamorfosis, una sobrenatural entelequia de satánico tema, está inspirada en el libro Horns, de Joe Hill, escritor de historias de horror y fantasmas. De casta le viene al galgo, porque su padre es
Stephen King.
La adaptación cinematográfica de Alexandre Aja, y guion escrito por Keith Bunin, abre con la imagen de dos enamorados acostados en la yerba. Con las cabezas juntas y al revés, la pose remite al póster de la reciente The Fault in our Stars, y curiosamente hay aquí una semejanza oculta entre las féminas de ambos filmes. Luego sigue un plano muy creativo, en el que la imagen desciende a una capa subterránea. Ig es Daniel Radcliffe –el intérprete de Harry Potter ha crecido y sigue muy talentoso. Ahora lo vemos acostado en el techo, una botella vacía yace a su lado. Cuando la cámara endereza la imagen, ya estamos en el infierno de esta historia; tras la ventana, una horda de reporteros y manifestantes alzan pancartas con la palabra: Murderer! Ig es el rostro del diablo para este pueblo, sospechoso de la fatídica suerte de su novia Merrin (Juno Temple).
La cinta va del realismo a una fantasía alucinante y la historia empieza a ponerse interesante desde que el personaje despierta una mañana y ve unas extrañas protuberancias en su frente. Más rara aún se pone la gente al verlo, actuando ante él de una manera temeraria; la madre, tan amorosa, revela en realidad no soportar la presencia de su hijo, le sugiere irse tan lejos como a Vietnam; y hasta el cura del pueblo le confiesa sus turbios secretos. Los cuernos del protagonista sacan lo peor de la gente.
La historia, que arrancó con mucha creatividad, pierde vuelo a mitad de la trama, por las debilidades de un guion mal enfocado, que balancea mal sus géneros: romance, suspenso, terror y comedia negra. El punto clave: la súbita decisión de la muchacha, que pareciera justificar los cuernos del enamorado, desbarata la narración al ser revelada. La razón por la que Merrin no quiere casarse resulta ridícula y poco imaginativa. Algunos personajes desaparecen de la trama para fortalecer a otros, como el hermano (Joe Anderson) y el amigo (Max Minghella). No hay detective en esta investigación. Solo Ig Perrish cual lobo solitario, indagando y deseando venganza, parecería el único ser normal a pesar de su apariencia. Aunque ya hemos dejado de tomar estos cuernos en serio, la fantasiosa cinta nos reserva más asombrosas mutaciones. •
Esta historia fue publicada originalmente el 31 de octubre de 2014, 8:00 a. m. with the headline "Horns: fatídico romance con cuernos."