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‘El mejor país del mundo’, una pieza dinámica y fresca


Sabrina Olmedo y Guido Massri en ‘El mejor país del mundo’.
Sabrina Olmedo y Guido Massri en ‘El mejor país del mundo’. Alfredo de Armas

Casi siempre pensamos que el bienestar, la felicidad, la vida, como diría Kundera, está en otra parte. Idealizamos cualquier sitio que no sea el que nos ha tocado vivir, aunque en esta América nuestra casi todos coinciden, y no sin razón, en pensar que ese sitio donde los sueños se pueden hacer realidad se llama Estados Unidos. Hay que trabajar duro, aseguran, pero se ve el fruto de nuestro trabajo: una casa, un auto, entre un sinfín de artefactos que hacen la vida más fácil, más llevadera, y que en nuestros países, ricos o pobres, no pasan, muchas veces, de ser una quimera. Eso dicen, repito, pero es suficiente para edificar el gran sueño americano.

En Buenos Aires, Argentina, una madre ya con sus añitos y algo enloquecida, espera con ansiedad la llegada del hijo, que regresa de Estados Unidos, específicamente de Miami, después de finalizar sus estudios universitarios. Ella piensa que el muchacho viene como de vacaciones, de paseo, y ha hecho planes para retornar con él a Miami. Está sola, después de un fracasado matrimonio con el padre del muchacho, y harta de la rutina diaria sin ver una mejoría. Para el presunto viaje se ha preparado estudiando inglés con una amiga (un desastre, no ha progresado mucho que digamos), piensa vender el apartamento y con su parte encaminarse en Miami los primeros tiempos. Tal vez hasta tenga suerte, dice, y se case con un cubano. Llega el hijo, pero tiene otros planes.

Ese es el tema de la comedia El mejor país del mundo del uruguayo Omar Varela, que en una producción de Big Sur Entertainment & Simón Álvarez y dirigida por Kevin Cass, se presenta en Teatro 8. Dos estupendos actores argentinos de exitosa trayectoria no solo en el teatro sino también en cine y televisión, Sabrina Olmedo y Guido Massri, se encargan de dar vida a estos inquietos y algo melancólicos personajes que dialogan con soltura, gracia y picardía.

La sala de una casa, una ruidosa y deprimida vecina que pone la música alta, la conversación frente a una bombilla, el mate y el reencuentro con el lugar al que se pertenece y con su familia, tejen una pieza dinámica y fresca.

Desde su llegada, el joven trata de brindar la visión de Estados Unidos que él conoció, con sus ventajas y sus dificultades, pero la madre se rehúsa a aceptar esa realidad y, para demostrar la superioridad de Estados Unidos, intenta contraponer la realidad argentina, de burocracia y las trabas a los proyectos, con las que está tropezando el joven desde su llegada, con la idealizada organización y rigurosidad de la sociedad norteamericana donde todo parece funcionar a la perfección. También la pieza toca el asunto de la multiculturalidad de Estados Unidos, pues el joven argentino tiene como novia a una vietnamita, que la madre llama todo el tiempo “la china” y siente curiosidad por esa mezcla racial.

Un discreto trabajo de luces, la música y la sencilla escenografía, contribuyen a destacar la labor de los actores. Entre apagón y apagón, las escenas van fluyendo. El conjunto es la metáfora de la idealización de lo que no se tiene, un poco para concluir que el mejor país del mundo es aquel en el que no vivimos. Esta conjetura queda retratada brillantemente en las últimas frases de la obra.

El mejor país del mundo provoca la risa del público que ve reflejada parte de sus circunstancias o la de alguien conocido, porque Estados Unidos es eso que describe el muchacho e idealiza su madre. En fin, una pieza ligera, pero con sustancia.• 

Teatro 8. 2101 SW 8 St. Miami, 305-541-4841. Viernes y sábados, 8:30 p.m.; domingos, 7 p.m.

Esta historia fue publicada originalmente el 15 de septiembre de 2015, 0:07 a. m. with the headline "‘El mejor país del mundo’, una pieza dinámica y fresca."

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