Flamenco, Flamenco, el documental de Saura llega a Coral Gables Art Cinema
Flamenco, Flamenco se podría disfrutar con los ojos cerrados, y no digamos al abrirlos el doble placer que provoca. Intensidad sonora y belleza visual se aúnan en este filme de uno de los directores más significativos de España, Carlos Saura. Muy recordado por sus dramas (Cría cuervos, ¡Ay, Carmela!), lleva a su vez la música andaluza en su alma el cineasta de Bodas de sangre, Carmen, El amor brujo y Sevillanas.
Flamenco es dos veces Flamenco. La primera, por este recorrido por la música gitana que continúa el ciclo tras una primera parte, Flamenco (1995) –comienza con la misma canción con la que terminaba su predecesora, Verde que te quiero verde, rumba con letra de García Lorca. La segunda, por la gran belleza y fuerza de sus coreografías y cantes, que transitan por un viaje vital, con la preciosista cámara del italiano Vittorio Storaro (Apocalypse Now), viajando lentamente por los espacios y decorados para descubrirnos esta maravilla.
El filme reúne un magnífico conjunto de números interpretados por muy talentosos jóvenes y veteranos bailaores, cantaores, palmeros, instrumentistas. Niña Pastori, Manolo Sanlúcar, Sara Baras, Miguel Poveda, Eva Yerbabuena, Farruquito, entre muchos otros.
Junto a los bailes, los cantes gitanos “a palo seco”, coplas y bulerías, las guitarras –con la inolvidable presencia de Paco de Lucía– y las coreografías que componen este filme musical, se impone la belleza de los decorados dispuestos dentro del Pabellón de la Expo de Sevilla, con imágenes de una gama cromática que recorren un completo día, desde el amanecer hasta la aurora. Los artistas bailan entre telas pintadas de luces, sombras y color, y obras de maestros como Goya y Zuloaga que impregnaron sus lienzos del arte flamenco.
Bellísima es la Marcha procesional, coreografía de Javier Latorre, en la que las devotas envueltas en sedosas túnicas bailan sobre un brumoso cielo de añiles, naranjas y amarillos. Y un momento silencioso, en el que el bailaor Israel Galván parece flotar entre coloridas telas solo con el sonido de chasquidos de dedos y taconeos, destaca junto a la poesía visual y sonora de una guajira o una canción de cuna bajo la lluvia.
La pieza está impregnada de puro espíritu andaluz. Un auténtico homenaje a un flamenco muy castizo con sus voces roncas, palmas, taconeos y jaleos, y a la vez muy contemporáneo. Un mundo lleno de pasión y lirismo, que el director aragonés traslada a las imágenes con doble potencia, la de la música y la del baile. •
Esta historia fue publicada originalmente el 13 de noviembre de 2014, 7:00 a. m. with the headline "Flamenco, Flamenco, el documental de Saura llega a Coral Gables Art Cinema."