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‘Victoria’, emoción en un plano secuencia


Una escena del filme ‘Victoria’.
Una escena del filme ‘Victoria’. el Nuevo Herald

Filmada en 138 minutos, una noche berlinesa del 2014, Victoria fue un gran reto técnico de gran excelencia en su aspecto narrativo. Este sui géneris trabajo del germano Sebastian Schipper –que transcurre en un solo plano secuencia– palpita en forma y contenido.

La aprensión, el nervio, la excitación, la adrenalina y la magia se instalan desde el encuentro imprevisto que sostiene en la calle una muchacha madrileña (Laia Costa), que lleva en Berlín escasos meses y no habla el idioma, con una bandita de pequeños malhechores, sorprendentemente corteses. Ebrios, felices, todos han salido de una disco, pero les cuesta abandonar la juerga; ella va con su bicicleta, confianzuda y encantada, junto a sus casuales amigos; habla inglés con uno de los chicos (Frederik Lau). Pero las cosas se ponen cada vez más serias y el filme cada vez mejor.

De pronto estamos atrapados en un delirante callejón sin salida, una aventura loca y terrible que no cesa, con robo de banco y secuestro incluido. Costa como Victoria es simplemente asombrosa. Los actores improvisan sus diálogos, parecen interpretar sus propias vidas, y detrás el cámara Sturla Brandth Grøvlen los sigue sin descanso, en tiempo real, por calles de la ciudad, una azotea, un parqueo soterrado, un edificio, la habitación de un hotel. Victoria es un final de noche interminable que al asomar el día nos deja con una sensación de zozobra y melancolía muy cercana a lo real.

Esta historia fue publicada originalmente el 15 de octubre de 2015, 0:15 p. m. with the headline "‘Victoria’, emoción en un plano secuencia."

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