Birdman: Alocado, imaginativo, magnífico
Seguramente lo más divertido de Alejandro González Iñárritu, es su último filme Birdman (La inesperada virtud de la ignorancia). Mucho del cine de 2014, en la aún temprana carrera hacia los Oscars, se queda a medio camino con respecto a este tan alocado, imaginativo, magnífico filme.
De las tablas y todo lo que ocurre o inspira, visual y dramáticamente, detrás del telón, toma el cineasta su espíritu. Es su primera comedia de tono chispeante y tragicómico, tras filmes duros como Amores perros y Biutiful. Escribe el guión un feliz cuarteto –incluido el director– que rompe la regla de los muchos: “Donde muchos meten la mano el caldo se pone morado”, porque este caldo agridulce y burbujeante es sencillamente delicioso.
Estamos en el corazón de Broadway, un mundo de luces, bares, gente snob, teatrólogos y fans, que esconde otro mundillo tras las marquesinas del viejo St. James Theatre. La cámara nos lleva, de la mano de Emmanuel Lubezki (Gravity), con secuencias de largos planos, en incesantes idas y venidas por un laberinto de pasillos, escaleras, tramoyas, vestuarios, camerinos. Siguiendo a un grupo de personajes de teatro y sus frenéticos parloteos, caemos en una escenario en vivo. Y ya no sabremos los límites entre la realidad, la ficción y lo que ocurre en la mente del protagonista.
Michael Keaton es Riggan Thomson, un astro del cine, en declive, que ha devenido autor teatral. “¿Qué hago en este basurero?”, se pregunta. Su pasado lo reta desde la pared del camerino: un gran póster de Birdman, el hombre-pájaro que volaba sobre Nueva York, superhéroe de los 1980, por el que aún los fans le piden autógrafos. Pero Thomson ya no tiene alas, ni plumas… ni pelo.
Junto a Keaton, en la piel de colegas y familiares están Emma Stone, Naomi Watts, Zach Galifianakis, Andrea Riseborough, Amy Ryan y en relevante papel un Edward Norton magnífico, como actor antagonista que le da la despiadada réplica al drama de Riggan. Tras los muros del teatro hay un ser a punto de estallar o, más bien, de salir volando, mientras en un bar cercano toma notas –y martinis– una vaca sagrada de la crítica teatral del New York Times (Lindsay Duncan).
Keaton se entrega en cuerpo y alma al personaje –y tiene en qué inspirarse habiendo sido el Batman de Tim Burton– de este superhéroe en caída a quien vemos quitarse peluquines, uno tras otro, como capas de su propia piel. Pero en sus desvaríos vuelve a elevarse, sale a volar entre los rascacielos de la ciudad y el filme vuela con él.•
Esta historia fue publicada originalmente el 24 de noviembre de 2014, 0:00 p. m. with the headline "Birdman: Alocado, imaginativo, magnífico."