Pelo malo, desolador retrato familiar venezolano
El niño Junior (Samuel Lange Zambrano) vive con su madre y su hermano bebé en un paupérrimo barrio de Caracas en vida de Hugo Chávez. La madre, Marta (Samantha Castillo), viuda y desempleada, a duras penas puede lidiar sola con sus penurias. La vecina ya no accede, sin pago, a ayudarle con el cuidado de los niños. Solo queda una abuela, madre del finado marido de Marta, que le propone hacerse cargo de su nieto mayor solo si se lo deja para siempre. Así se dibuja el drama de la directora y guionista Mariana Rondón junto a su habitual productora Marité Ugas.
En el filme abundan notables momentos: Junior y su pequeña amiga (María Elena Sulbarán), juegan desde el balcón de su edificio a distinguir poses y objetos de esa iconografía de la miseria que exhiben los bloques de apartamentos del barrio obrero. Mujeres se reúnen en sesiones de oración con letanías que autoimponen olvidar el hambre; hombres de pueblo se rasuran la cabeza en solidaridad con el presidente enfermo. La propaganda oficialista inunda los hogares desde la pequeña pantalla.
En medio de la lucha por la sobrevivencia, hay un elemento más de preocupación para Marta. Su hijo, mestizo, tiene una obsesión con su pelo ensortijado y busca constantemente la forma de alisarlo, para verse bonito en la foto de la escuela. La madre ve en ello signos de debilidad masculina, mientras la abuela afrocaribeña se presta a los ingenuos deseos del nieto, le alisa el pelo, le cose un traje dorado de cantante pop. El baile de la abuela (Nelly Ramos) y el nieto al son de la canción de Henry Stephen, Mi limón, mi limonero, es una escena muy pintoresca. Aunque aquí se está hablando de algo mucho más profundo: un niño de nueve años que encabeza la lista de las desgracias de su madre.
La miseria, la intolerancia y la violencia son ejes de un mismo mal. Pero ¿por qué retorcer este inclemente fresco, dándole un perfil desamorado a una joven madre que lucha por la vida? En medio de durezas y carencias, hay un ser desajustado en su instinto maternal que no alcanzamos a discernir, no por sus miedos y prejuicios, sino por su absoluta falta de amor.
Lo más genuino se halla en la perspectiva documental del filme: el telón de fondo que vemos desplegarse tras la historia familiar: barrios ruinosos colmados de gente empobrecida, ambientes familiares y urbanos que reflejan decadencia y degradación. Todo ello compone un retrato duro y desolador de una realidad venezolana muy actual. •
Esta historia fue publicada originalmente el 4 de diciembre de 2014, 7:00 a. m. with the headline "Pelo malo, desolador retrato familiar venezolano."