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Sueño americano y cubano por el ‘Camino Amarillo’

Desde la izq.: Osvaldo Doimeadiós, Lili Rentería y Mabel Roch, en el ensayo de ‘Yellow Dream Road’.
Desde la izq.: Osvaldo Doimeadiós, Lili Rentería y Mabel Roch, en el ensayo de ‘Yellow Dream Road’. el Nuevo Herald

Hasta ver esta obra no me había dado cuenta de que el cuento de hadas El mago de Oz (The Wondeful Wizard of Oz, 1900) de Lyman Frank Baum, contenía una crítica de ideales americanos. Al recrearla el joven dramaturgo cubano Rogelio Orizondo, junto al director Carlos Díaz con Teatro El Público, para la comedia satírica The Yellow Dream Road, satirizando aspectos políticosociales de la vida en Cuba y en Estados Unidos, el cuento de Baum adquiere un nuevo valor.

Con la producción de Fundarte, bajo la directiva de Ever Chávez, y apoyado por el departamento cultural del Condado de Miami Dade, y por Lillian Manzor y la Universidad de Miami, donde estuvieron en residencia e hicieron los ensayos, la obra fue sensación entre el público que abarrotó el jueves pasado el Black Box Theater del Miami Dade County Auditorium. Se ha desplazado, después de estar aquí todo el fin de semana, a La Habana donde esperan ponerla en cartelera después del 3 de diciembre.

A pesar de su posmodernidad, o quizás por ella, Orizondo y Díaz adaptaron aspectos tradicionales en la evolución del teatro cubano, como lo es la mezcla de lenguajes del teatro bufo, de teatro ritual, y del teatro poético y del absurdo. Pero es en sí una serie de escenas individuales en que cada actor representa un parlamento que funciona como una parábola. Lo que es imaginativo es el haberse deshecho del conflicto interpersonal, por lo que la estructura básica del cuento de Baum es muy apropiada. Cada escena tiene su historia metafórica con un sentido implícito del cual el espectador tiene que dilucidar el significado por sí mismo, según las referencias que tenga del contexto del que las cuenta, ya sea de la isla como de Miami.

Todo se representa como un pageant inglés (antiguo auto sacramental en España) o desfile. Pero se hace muy intensamente por los actores, con un vestuario de Vladimir Cuenca que es esencial. Ya que cada personaje incorporado es un símbolo, no una entidad sicológica. Cada uno cuenta una historia múltiple ensamblada de muchos aspectos de historias personales, la suya y las de otros. Díaz y Orizondo entrevistaron a los actores de aquí y de allá, para armar la obra, que les dieron información de cómo llegaron a Estados Unidos, y lo que les sucedió. Así hay diferentes versiones de lo sucedido, al poner la interpretación en planos muy diferentes, por ejemplo, algunos son cubanos “cheos”, como en la visión del espantapájaros de Mabel Roch, que es toda en plano “chusma” –y excelente en su versión de teatro bufo–, y otras veces en el plano del absurdo, como el actor Osvaldo Doimeadiós, cuando interpreta al hombre de hojalata, una devaluación del hierro de Ogún, o a la Caridad del Cobre, como hombre “pasado por agua”, que no se reconoce a sí misma, vestida de capa, sombrero y botas de goma contra la lluvia, todo en amarillo. Porque la Virgen también se exilia y aparece en tres versiones, las otras dos por Roch, que llega a Hialeah y es un personaje de televisión y Lili Rentería, en plano de Oshún, ambas admirables. Está en todas partes entre los cubanos de la isla y de la diáspora, exiliados o emigrados, y todos le piden que los ayude. Ella rehúsa emigrar, rehúsa ayudar, está cansada de tanto bregar.

La principal interacción posible la va llevando de la mano un actor acrobático, contorsionista nato, Javier Fano, aleccionado por Abel Berenguer, coreógrafo y bailarín de Dance Now. Fano interpreta varios símbolos. En la primera escena es un chico desnudo con unos barquitos de papel, que mundialmente apela ya a la idea de la desbandada de los balseros cubanos. Luego se abre la pieza con la alusión a la santería afrocubana, una efigie de Elegguá, el orisha que abre los caminos, dibujada en la espalda de Fano, pero también doblará como Pedro Pan, el Peter Pan que usó de imagen el periodista que bautizó a la oleada de niños y jóvenes en el éxodo infantil de 1960 al 62.

Aparecen los personajes importantes de El mago de Oz, inclusive el hada Glinda. Dorothy es Dorotea del Castillo (Alegnis Castillo esa noche), la muchacha guajira, la “chea”, enamorada de Pedro Pan, es decir de un símbolo, quiere que la saquen para la Yuma, otro símbolo de Estados Unidos en la isla. Sabe recitar todas las consignas revolucionarias de un tirón, al punto de sacar aplausos del público. En su camino de ladrillos amarillos, se le juntan un hombre de hojalata, un espantapájaros y un león. La leona es aquí Lili Rentería haciendo un papel descomunal de sensualismo desbordado, imitando al actor de la cinta hollywoodense, pero al revés al mover el rabo con toda clase de alusiones sexuales a las violaciones que sufre de los tíos (los jerarcas políticos en Cuba). Ella tiene más que coraje.

¿En qué se parece esto a Cuba y a los exiliados; y en qué se parece la Virgen de la Caridad al Mago en esta situación? Hay que prepararse para la irreverencia religiosa y de todo tipo. Pero la obra deslumbra y asombra. Es la producción del momento. Que la traigan de nuevo.

olconnor@bellsouth.net

Esta historia fue publicada originalmente el 23 de noviembre de 2015, 10:23 p. m. with the headline "Sueño americano y cubano por el ‘Camino Amarillo’."

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