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The Imitation Game: la clave es Cumberbatch


Benedict Cumberbatch (centro) en ‘The Imitation Game’, dirigida por Morten Tyldum.
Benedict Cumberbatch (centro) en ‘The Imitation Game’, dirigida por Morten Tyldum. AP/The Weinstein Company

Si Benedict Cumberbatch (Sherlock, 12 years a Slave, The Fifth State) ha probado ser un actor para tomar muy en serio, aquí hay que quitarse el sombrero ante este fenómeno del arte de la interpretación. El actor inglés hila fino un personaje de psicología muy compleja, y a la vez conmovedora, y nos convence de que el filme de Morten Tyldum tiene, sobre el enigma que su personaje busca descifrar, otra clave –la del éxito– llamada Cumberbatch.

La historia que protagoniza este astro con tanta fuerza emocional está basada en un hecho real: la biografía de Alan Turing. Su título tiene que ver con el juego de imitación matemática que el genio británico ideó para terminar creando un extraordinario invento. Pero la idea, como los grandes descubrimientos, partía de una motivación muy distinta en los años de la Segunda Guerra Mundial: penetrar los códigos secretos de un sistema de comunicación de la inteligencia nazi llamado Enigma, para conocer con anticipación los planes de ataques enemigos.

Para la secreta y complicada tarea, el comandante Denniston (Charles Dance) convoca a un equipo de criptógrafos y matemáticos donde entra también Joan Clarke (Keira Knightley), una mujer muy inteligente, pero no es sino Turing quien logra la clave del enigma, con la construcción de una enorme y complejísima máquina que viene a ser la madre de las computadoras modernas.

Como la maquinaria de Turing, cada pieza del todo se acopla en el lugar exacto: no hay detalle que desafine, se exceda o esté ausente de importancia dramática en el brillante trabajo del guionista Graham Moore. Veamos la eficaz elaboración de una escena que marca un antes y un después en la historia. Turing y otros hombres del equipo se hallan en un bar, donde se produce un diálogo inquietante, un primer giro dramático. En una mesa cercana están Joan y una amiga, quien se convierte en el foco de interés amoroso para uno de aquellos. Comienza el espontáneo diálogo, el ligero flirteo. Entonces la amiga dirá cualquier cosa. Y ahí está la clave que el protagonista ha estado buscando. A ella no la veremos más, su única importancia está en ese especial y efímero instante final en que este personaje, sin imaginarlo, da la luz para esclarecer el matemático acertijo, un segundo giro a la historia.

Pero The Imitation Game es más que un descubrimiento y la asombrosa conspiración que acecha en las sombras de la ultrasecreta misión. Detrás está la tragedia de un hombre que cargaba con un trauma de niñez no resuelto, que fue dolorosamente destruido y condenado por su orientación sexual, sin tener en cuenta su valiosa contribución a la humanidad.• 

Esta historia fue publicada originalmente el 25 de diciembre de 2014, 1:00 a. m. with the headline "The Imitation Game: la clave es Cumberbatch."

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