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‘Carol’, el alto precio de la felicidad

Cate Blanchett, la glamorosa socialite de Blue Jasmine, es ahora la aristocrática Carol, personaje nacido en El precio de la sal de Patricia Highsmith, y no hay dama en Hollywood que sepa llevar mejor la sofisticación y elegancia. La actriz se mueve como pez en el agua en los refinados años 50, donde las mujeres fuman cigarrillos con estilo, beben martinis y se aman, en este filme, muy elegantemente.

La seducida es Therese, la chica dulce e inexperta, en cuya piel está Rooney Mara, al otro extremo de su Lisbeth Salander. En vísperas de Navidad, ella trabaja en una tienda de departamentos neoyorkina, donde una deslumbrante mujer de abrigo de visón busca un regalo para su hija. El flechazo es instantáneo y tácito. Las palabras son las justas; las miradas, los gestos se guardan la mitad de lo que expresan, pura sutileza romántica. Los sentimientos se hilan admirablemente hasta llegar al punto justo de no retorno, ni para los personajes, ni para el filme: Es la escena decisiva en que ambas mujeres se suben a un auto que las llevará lejos. Y el filme ya nos tiene atrapados en esa huida.

No hay titubeos ni barreras por dentro de este amor prohibido, más bien un suave sometimiento de la chica eternamente fascinada que siempre dice sí ante la dama madura que dicta las reglas. Pero el peligro acecha desde fuera de este pequeño círculo de dos. Es el precio demasiado alto a pagar por la felicidad. Hay un retrato social duro y cruel tras la belleza fotográfica del filme de Todd Haynes (Far from Heaven), la exquisita recreación de atmósferas y la delicada pasión que transmiten un par de actrices en estado de gracia.

Esta historia fue publicada originalmente el 23 de diciembre de 2015, 2:00 p. m. with the headline "‘Carol’, el alto precio de la felicidad."

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