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‘Oigamos la danza’ con el MCB


Carlos Miguel Guerra y Jennifer Kronenberg en ‘Nine Sinatra Songs’, de Twyla Tharp.
Carlos Miguel Guerra y Jennifer Kronenberg en ‘Nine Sinatra Songs’, de Twyla Tharp. Joe Gato/MCB

Oigamos la danza es el título apropiado para el Segundo Programa del Miami City Ballet este fin de semana en el Ziff Ballet Opera House del Adrienne Arsht Center, porque la música será una inspiración definitoria de lo que veremos en escena: Symphony in Three Movements, de George Balanchine, con la música de Igor Stravinsky; Mercuric Tidings, de Paul Taylor, con la partitura del clásico y romántico Franz Schubert, y Nine Sinatra Songs, de Twyla Tharp, en la voz maravillosa del famoso “Ol’ Blue Eyes”, Frank Sinatra, y las composiciones que él engrandeció.

El título proviene de una frase de George Balanchine: “See the music, hear the dance” (Veamos la música, oigamos la danza), porque el coreógrafo rusonorteamericano daba mucha importancia a la partitura que usaba para sus ballets. En este caso se trata nada menos que de uno de los compositores más importantes del siglo XX, Igor Stravinsky, también expatriado ruso, como él, con quien colaboró a menudo.

La Sinfonía en tres movimientos fue comisionada por la New York Philharmonic Orchestra en los años 1940 y durante la II Guerra Mundial, por lo que tiene muchas referencias a esa guerra. “Stravinsky nos dice que, después de ver un filme de los alemanes marchando y otro de la invasión japonesa, aquellos que se denominaban ‘News Reel’ en los cines, estas impresiones provocaron severos tonos guerreros al trasfondo de toda la música”, dice Gary Sheldon, director de la orquesta que acompaña a los bailarines del MCB.

Lo curioso es que Balanchine escogiera este tipo de música. “Pero es que lo fascinante de la música es lo severa y fuerte que es”, comenta Sheldon, “pero también los elementos neoclásicos, que ambos, Balanchine y Stravinsky, usaban en sus

creaciones”.

“Lo que servía de balance al desorden de la música era lo más ordenado y estructurado de la estética del clasicismo”, explica el director, “lo mismo hacía Balanchine, combinando los pasos clásicos con los movimientos más angulares del siglo XX. Ambos fueron genios, precisamente por esto, porque desarrollaron algo muy nuevo, dentro de algo muy atractivo y familiar”.

Esto obviamente lo hace más accesible y fácil de entender para el público. Y fue lo que atrajo a los dos creadores a colaborar entre sí. Stravinsky compuso cuatro ballets para Balanchine, el primero, Apollo, es una obra extraordinaria, tanto en la composición musical como coreográfica. Mientras que el coreógrafo también usó varias veces música que ya el compositor había creado.

Se dice que en este ballet se oyen ritmos de jazz, pero Sheldon subraya que Stravinsky usaba música sincopada y muy rítmica, lo que lo hacía parecer “jazzy”.

La obra de Paul Taylor se basa en la primera y segunda sinfonías del austriaco Franz Schubert, que este compuso cuando tenía solamente 16 años, y es de su periodo clásico aún.

“Estas obras tienen una simplicidad y una inocencia, un atletismo juvenil, que son las cualidades que Paul Taylor ha captado en su coreografía”, comenta Sheldon.

La música de Schubert está muy influenciada por Beethoven, y como Beethoven, comenzó en la época clásica y terminó en la romántica. Lo curioso y diferente aquí es la adaptación del espíritu de un compositor de hace 200 años por un coreógrafo moderno, a diferencia de la relación Balanchine-Stravinsky. Es interesante ver la interpretación de Taylor. Ambos coreógrafos le han dado mucha importancia a la selección de la música.

En la obra de Twyla Tharp, las canciones han sido seleccionadas para mostrar el variado espectro de los sentimientos amorosos.

“La primera pieza expresa el amor joven, la segunda con el tango Strangers in the Night muestra una distancia emocional, y en One for My Baby, se ve el juego sexual, y que la pareja tiene un entendimiento entre sí; cada una de las piezas de esta obra describen el amor de una manera diferente”, dice Sheldon, quien advierte que en este ballet él y la orquesta no acompañarán a los bailarines, “porque todo el mundo quiere oír la voz de Sinatra”. • 

Miami City Ballet programa II, viernes 9, 8 p.m, sábado 10, 8 p.m., domingo 11, 2 p.m., Ziff Ballet Opera House, Adrienne Arsht Center, 1300 Biscayne Blvd. Taquilla del MCB, (305) 929-7010, abierta de lunes a viernes de 10 a.m. a 5 p.m. o tratar escribiendo a boxoffice@miamicityballet.org

olconnor@bellsouth.net

Esta historia fue publicada originalmente el 6 de enero de 2015, 7:00 a. m. with the headline "‘Oigamos la danza’ con el MCB."

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