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Big Eyes, el alma se nos escapa


Christoph Waltz y Amy Adams en ‘Big Eyes’, dirigida por Tim Burton.
Christoph Waltz y Amy Adams en ‘Big Eyes’, dirigida por Tim Burton. AP/The Weinstein Company

Los ojos serían las ventanas del alma para Margaret Keane –como afirma el personaje que interpreta Amy Adams–, pero para este filme, los círculos enormes y tristes con los que la pintora (nacida en Tennessee, 1921) llenaba de expresionismo sus rostros infantiles son ventanas por las que no hemos podido asomarnos. Así de reservada queda la protagonista de esta historia que Tim Burton lleva a la gran pantalla, con mucha luz y color, y con el ánimo de reivindicar el talento femenino que por muchos años se ocultó tras el apellido

Keane.

Tampoco Walter Keane (Christoph Waltz) parecía tener idea de por qué su rubia e ingenua esposa insistía en pintar ojos desproporcionadamente grandes. Pero para adjudicarse la pintura de su mujer, no necesitaba comprenderla, solo mantener callado al espíritu femenino que había detrás y la sociedad conservadora y machista haría el resto. Ciertamente, los dibujos y las excelentes dotes de comerciante de Walter, les hicieron ganar al matrimonio cuantiosas sumas de dinero en las décadas del 1950 y 1960, porque aquellos ojos profundos, donde a veces se veía brotar una lágrima, tenían algo, más que naif, más que el kitsch que se podía olfatear en las telas, un look que fascinaba en los ambientes diletantes. Mientras la artista languidecía en el anonimato, y entre cuatro paredes se ocultaba del mundo –y hasta de su propia hija– para engendrar sus criaturas de ojos grandes.

Pero aquí el conflicto entre creadora y tramposo no pasa de un plano doméstico y sus ángulos psicológicos se muestran tal vez muy primarios a quien esperaba más retruécano dramático. La historia dista de la hondura y fuerza emocional que los mismos ojos del título sugieren. El torbellino dramático se queda nadando en torno a una Margaret cada vez más infeliz y a un Walter cada vez más payaso, irascible y manipulador. El imperio Keane se viene abajo tras un juicio bufonesco, en el que, a falta de abogado que lo soporte, Keane intenta defenderse a sí mismo entre posturas prefabricadas y una verborrea soporífera. La escena es tal vez lo más gracioso que veamos en Big Eyes, con un actor como Waltz dando riendas sueltas a su vena cómica.

Por su parte, la buena actriz Adams es muy creíble encarnando a Margaret, en su nota dulce, frágil, inspirada, pero de ella nos despedimos con la sensación de que hay un alma interesantísima que se nos escapa. • 

Esta historia fue publicada originalmente el 8 de enero de 2015, 7:00 a. m. with the headline "Big Eyes, el alma se nos escapa."

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