‘Antigonón’, un contingente épico
Se ha escrito mucho sobre esta pieza del joven dramaturgo Rogelio Orizondo, aunque en mi opinión Antigonón… bien podría haberse llamado Agamenón –o Miguelón–, sin alterar en su esencia el producto. Claro, Antigonón suena más intelectual, posee referencias clásicas, pero en realidad hay muy pocas alusiones a la obra de Sófocles: el nombre de uno de los hermanos de Antígona que resulta ser un mono del zoológico de 26 y poco más. Antigonón, un contingente épico, en una producción de Teatro El Público y FUNDarte, y dirigida por Carlos Díaz, Premio Nacional de Teatro 2015, no tiene una historia, un argumento a desarrollar, no trata de nada –o tal vez pretenda tratar de todo–; viene a ser una secuencia de sketches sin concatenar, sin mucha coherencia o ilación. Todos, eso sí, presentados por cinco actores de primera, jóvenes pero muy bien entrenados.
El escenario vacío, apenas tres paneles o telas cuelgan a ambos lados como delimitando un espacio. Al fondo, en una pantalla se han estado mostrando viejos metrajes de la historia de Cuba. De pronto se lee el título de la obra, termina la proyección y aparecen cuatro actores, Giselda Calero, Daysi Forcade, Luis Manuel Álvarez y Roberto Espinosa, completamente desnudos. Es un momento hermoso por la plasticidad y limpieza de los movimientos de una coreografía donde los cuerpos caen, se apoyan, se enlazan o se arrastran. No hay erotismo en la propuesta sino un estado de indefensión, de vulnerabilidad, que los hace cómplices en una tragedia muda que no se nombra. Terminado esta especie de preámbulo, comienza el desfile de personajes, todos ataviados con insólitas, llamativas y a veces esperpénticas prendas.
Si hay algo que llama la atención es el lenguaje y la manera de articularlo. Es como la sublimación de la chusmería, la vulgaridad más orillera elevada a categoría estética y la marginalidad como patrón. ¿Y qué se dice? Que quieren comerse un pan con lechón y que tienen hambre. Bueno ese tópico no es novedoso, lo ha dicho hasta Pánfilo. Me imagino que algunas frases, algún hecho aislado, determinada situación, funcionen para el público de la isla –acostumbrado a leer entre líneas y a buscarle las cuatro patas al gato–, como resorte catártico, pero para un espectador no familiarizado con la problemática cubana actual, la cosa se queda en alocada comparsa, en un surrealismo rococó. De pronto hace su entrada Patria (Linnet Hernández) vestida de rojo (¿el color del comunismo? ¿el de la sangre?) y con una maleta del mismo color (¿se va de viaje? ¿Ecuador?). Al rato queda completamente desnuda, mientras desarrolla uno de los monólogos más desolados y desoladores de la pieza, un momento brillante. Una actriz fuera de serie.
Me gustó mucho el trabajo de Calero y Forcade en un tour de force entre dos “guaposos” haciendo ostentación de sus “paquetes”, mientras se provocan y se lanzan flores de alto calibre, con un final inesperado. Otro gran momento estuvo a cargo de Luis Manuel Álvarez. Sale vistiendo algo parecido a un traje de camuflaje del cual se va despojando para mostrar el atuendo de gran vedette que lleva abajo, canta a capela y baila, una especie de oda así misma orgullosa de ser machetera millonaria. Estuvo espectacular, una delicia. En determinado momento la obra toma otro rumbo se torna más grave, con versos de Abdala, el poema dramático que José Martí escribió y publicó antes de cumplir los 16 años. Los actores sacan ropa de unas bolsas y se van cambiando, son estudiantes, pioneritos con sus pañoletas, universitarios, obreros tal vez, pueblo, y en la pantalla vuelven otras escenas de la historia de Cuba, esta vez de la etapa republicana. En medio de todo eso se lee La historia me absolverá (la verdad que no puedo imaginar qué pinta ahí). Ya al final el tema gira sobre Panchito Gómez Toro y Antonio Maceo, la muerte de ambos, el monumento en El Cacahual en la pantalla. Se escucha a María Teresa Vera cantando El soldado, mientras los pioneritos uniformados toman distancia (en el sentido militar) y marchan en zigzag haciendo mutis por el foro. Ya saliendo el público, se escucha a Sara González con una sus más horripilantes canciones. En el vestíbulo, en una mesa junto a los programas, ejemplares de la prensa cubana, Granma, Trabajadores y Juventud Rebelde. Ojeo este último fechado el 18 de diciembre de 2014, con 16 páginas dedicadas a darle vivas a los Cinco (es decir a los espías, alguno de ellos relacionado con el asesinato de los pilotos de Hermanos al Rescate). ¿Parte del espectáculo?
Esta historia fue publicada originalmente el 4 de febrero de 2016, 8:59 a. m. with the headline "‘Antigonón’, un contingente épico."