Derroche de testosterona gauchesca en ‘Che Malambo’
El malambo es una danza tradicional argentina solo para hombres gauchos y Che Malambo es un energético espectáculo de elaboración teatral del folclor.
Utilizando el formato de revista, Che Malambo deslumbra por la intensidad de su zapateado, la fuerza de su arrolladora música de percusión y el poder hipnótico de sus alardes de destreza.
Dirigidos por el bailarín y coreógrafo francés, Gilles Brinas, los artistas de Che Malambo conquistaron al público que asistió a la función única que ofrecieron el sábado pasado en el acogedor South Miami-Dade Cultural Arts Center (SMDCAC), en presentación patrocinada por el programa Culture Shock Miami.
Durante hora y media, Francisco Ciares, Martín Ciares, Martín Correa, Claudio Díaz, Miguel Flores, Federico Gareirs, Fernando Gómez, Walter Kochanowski, Gabriel López, José Palacio, Alberto Ruiz y Darío Vidotto sobresalieron por su virtuosismo, no solo como bailarines derrochadores de testosterona gauchesca, sino también tocando el bombo legüero y girando las boleadoras.
El bombo legüero debe su nombre al hecho de poder ser escuchado a una legua de distancia. El músico que toca este instrumento se conoce como bombisto. Las boleadoras son lazos con piedras en su extremo.
Che Malambo está organizado en secciones. Al comenzar, vemos un grupo de bailarines con bombos legüeros, ubicados en el centro del escenario y dispuestos para avanzar a proscenio. Así lo hacen. El universo sonoro es percusión y zapateado. No hay otra música.
Un solo se transforma en dueto. Bombisto y bailarín se entregan al diálogo y el público estalla en aplausos. Se agregan otros y la conversación se transforma en confrontación competitiva.
El malambo es una danza constituida sobre todo por movimientos de pies y piernas donde es fundamental que los ejecutantes se expresen por sí mismos. Uno de los aciertos de Che Malambo es que tanto música como coreografías son el resultado del trabajo de colaboración entre Brinas y los intérpretes.
La segunda sección comienza con un solo con boleadoras.
Despacio o rápido, suave o trepidante, de frente o de perfil, en un solo lugar o desplazándose, el resultado es espectacular. El trabajo con las boleadoras es tan vertiginoso que el público rompe nuevamente en aplausos y la ovación se mantiene mientras el bailarín desaparece en la penumbra.
Hasta este momento, Brinas le ha presentado al público solo un estilo de malambo, el norteño.
La tercera sección abre con un hombre descalzo bajo luz cenital al que se incorporarán después otros bailarines. Es una sofisticada demostración del llamado malambo sureño. Sin duda alguna, no tan brutal como el norteño.
Ya han sido presentados todos los elementos del malambo y lo que viene a continuación es puro entusiasmo compartido.
Once bombistos y un solista, diez bombistos y dos solistas, ocho bombistos y cuatro solistas, cada uno con su solo, cada uno mostrando algo diferente.
En algún momento, Brinas intercala una breve escaramuza humorística seguida de un apagado intermedio musical con guitarras y canto, pero el espectáculo retoma su vuelo por las alturas cuando regresa el baile.
Los gritos de los artistas se confunden con las expresiones de admiración de los espectadores. Cuando la noche parece acercarse a su fin todavía queda tiempo para otro solo brillante y cuando uno ya está seguro de haberlo presenciado todo, regresan las boleadoras y otra vez se superan las expectativas.
El cierre a cargo de toda la compañía es sumamente divertido y la ovación final es ensordecedora e interminable. Che Malambo es todo un crowd-pleaser. Las luces se encienden pero el público no quiere abandonar la sala.
Esta historia fue publicada originalmente el 8 de febrero de 2016, 8:00 p. m. with the headline "Derroche de testosterona gauchesca en ‘Che Malambo’."