CRÍTICA DE CINE: ‘Dough’, una mezcla “milagrosa”
Dough es harina, pero también dinero en jerga callejera. Harina es la que usa el viejo judío Nat (Jonathan Pryce) para hornear sus panecillos; dinero es el que intenta hacer el joven negro musulmán Ayyash ((Jerome Holder), vendiendo droga en las calles. Nadie podría imaginar lo bien que congenian las diferencias culturales, religiosas y generacionales en un filme. Pero a sus dos opuestos protagonistas los une mucho más de lo que los separa.
El panadero quiere conservar a toda costa el negocio familiar, que a su propio descendiente le tiene sin cuidado. En el mortecino local aparece este otro hijo, el de la empleada de la limpieza, un emigrante de Darfur a quien el maestro hornero enseñará las artes del tradicional challah, mientras en sus ratos nocturnos el aprendiz continúa golfeando con un par de amigos muy tontos y vendiendo el cánnabis. Lo más atractivo es el giro que toma la historia – y la receta- cuando un nuevo ingrediente “milagroso” entona de buena manera la mezcla base para los muffins de la tienda del judío, que de la noche a la mañana multiplica la clientela. Nada más ocurrente para salpicar la trama de humor travieso, salida del primer y último guión largo de Jez Freedman.
El título de John Goldschmidt, coproducción anglo húngara, es una comedia agradable y desenfadada. Tiene un guiño a la exitosa francesa Intouchables, con la quimérica hermandad entre anciano blanco acomodado y joven negro inmigrante, buscando tocar la fibra emocional a través de una historia de solidaridad, amistad y respeto a las diferencias.
Esta historia fue publicada originalmente el 10 de febrero de 2016, 8:02 a. m. with the headline "CRÍTICA DE CINE: ‘Dough’, una mezcla “milagrosa”."