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Un ‘Burgués Gentilhombre’ contemporáneo

Parte del elenco de ‘El Burgués Gentilhombre’, de Molière, en la versión de la compañía Mephisto Teatro, dirigida por la cubana Liuba Cid. Las funciones se llevan a cabo en el teatro Nuevo Apolo de Madrid, en España.
Parte del elenco de ‘El Burgués Gentilhombre’, de Molière, en la versión de la compañía Mephisto Teatro, dirigida por la cubana Liuba Cid. Las funciones se llevan a cabo en el teatro Nuevo Apolo de Madrid, en España. MTERESAGL©

Si está en estos días en Madrid y le interesa el teatro, en el Nuevo Apolo, ubicado en la antigua plaza de Tirso de Molina, podrá ver un clásico de la historia más corrosiva del teatro: El Burgués Gentilhombre, de Molière. Se trata de una versión tremendamente audaz e irónica a cargo de la compañía Mephisto Teatro, de origen cubano, dirigida por Liuba Cid.

Esta compañía teatral, que integra en su elenco a reconocidos actores cubanos y españoles, resultó de un encargo en el año 2009, por parte de la dirección del internacionalmente reconocido Festival de Teatro Clásico de Almagro, con la intención de clausurar su 32 edición. Entonces fue una versión de Fuenteovejuna, de Lope de Vega, la obra que diera comienzo a una trayectoria sostenida durante estos años y que se ha granjeado el respecto y la estima de la crítica especializada dentro y fuera de España. Su trabajo se centra, fundamentalmente, en la investigación y la experimentación –desde la escena contemporánea– en la dramaturgia de autores y textos europeos del Siglo de Oro. Cinco años han transcurrido ya desde aquel encargo y por sus manos han pasado deliciosas versiones de clásicos como La Noche de los Quijotes, Fuenteovejuna y Donde hay agravios no hay celos, por citar solo algunos. Todos tratados con la ironía y sagacidad que dispensa la mirada de esta directora, muy comprometida con la agenda de enunciados más inquietos de la agenda cultural contemporánea.

Esta vuelta la protagoniza El Burgués Gentilhombre en una versión tremendamente divertida del texto original de Molière que, como se sabe, se trata de una comedia-ballet en cinco actos y en prosa, estrenada por la compañía de Molière el 14 de octubre de 1670 en la corte de Luis XIV en el Castillo de Chambord y re-editada en el contexto de una España asediada por una profunda crisis económica y una manifiesta incertidumbre en términos políticos.

La propuesta de Cid, que sin dudad reivindica una declarada perspectiva de género, emplaza en la escena a ocho carismáticos actores: Justo Salas, Rey Montesinos, Jorge Ferrera, Guillermo Dorda, Georbis Martínez, Dayana Contreras, Julián Martínez y Luis Castellanos. Estos, en un alarde de versatilidad neo-barroca, interpretan los personajes masculinos y femeninos de la obra, enfatizando esa capacidad travesti del gesto teatral. La resultante es una muy divertida combinación de voces en la que lo que importa es rescatar el sentido primero y último de una función: el divertimento y la expansión de los sentidos. Un divertimento que no está exento, claro, de reflexión crítica.

La obra hace alarde de gracia e inteligencia en el trato e interpelación a sus espectadores. Juega a dirigir la voz hacia ese lugar que se halla más allá del escenario y que afecta a sus interlocutores inmediatos y próximos: nosotros, los espectadores, el público.

La apuesta, sin duda, hará las delicias de muchos, toda vez que sin demasiados alardes narrativos ni escenográficos, conecta con la situación actual y lanza comentarios irónicos sobre la realidad circundante. Ello, sin convertir el comentario oportuno (bajo el clima de la mirada satírica) en panfleto o propaganda política de un estado de cosas. La obra se postula como lo que es: una comedia. Y eso, a no dudarlo, lo consigue. Por tanto reclama para sí el favor de la risa, de esa carcajada.

Deliciosa resulta esa mezcla en el lenguaje donde se yuxtapone la enunciación culterana con la sabrosura de la jerga cubana de barrio, en una clarísima peripecia de contextualización de un texto que habita hoy en el orden de una cultura globalizada en el que las referencias van y vienen en un trasiego apoteósico e intermitente.

Muy divertido el tratamiento y alternancia de roles, certificando así la capacidad del teatro para crear ilusión y resarcir la utopía frente al escepticismo.

Su dimensión crítica, siguiendo las pautas del texto original, apuntan a una ridiculización –en clave de humor– de esa nueva clase dominante que hace del analfabetismo y de la estulticia un modelo de alta rentabilidad mediática. De repente una rememora personajes como Belén Esteban o similares, cuya estupidez se convierte hoy –paradójicamente– en una moneda de cambio y en paradigmas de bien.

La pregunta es, ahora, quién será ese «nuevo e ignorante burgués que no aprecia el arte», pero que al menos entrega una generosa remuneración para hacer ver o verse como parte de un sistema que le excluye y le condena. Se me ocurren muchos nombres, pero que baje y suba el telón en beneficio de la sospecha y la duda.

Teatro Nuevo Apolo. Plaza Tirso de Molina, Madrid, España. Compañía Mephisto Teatro. Versión y dirección de Liuba Cid. Hasta el 28 de febrero. www.summummusic.com/el-burgues-gentilhombre/

Esta historia fue publicada originalmente el 23 de febrero de 2016, 8:30 a. m. with the headline "Un ‘Burgués Gentilhombre’ contemporáneo."

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