Entretenimiento

Raphael, el único e irrepetible

‘Visiblemente emocionado con el desentonado coro de locos, Raphael detuvo su paso para escucharnos’.
‘Visiblemente emocionado con el desentonado coro de locos, Raphael detuvo su paso para escucharnos’.

Las noticias, la oficina y el auditorio que nos vio tuvieron que perdonarnos en masa a todas las “quinceañeras y quinceañeros de los 60 y 70” que hace unos días, volvimos a gritar como entonces, al ver que, increíblemente, nuestro ídolo aparecía.

Sucedió sin previo aviso, porque, discreto como siempre, Jorge Ramos tenía de invitado a Raphael, el único e irrepetible, y este había llegado a la más grande redacción de las noticias en español por televisión en Estados Unidos que es el llamado Newsport de Noticias Univisión.

Los que soñamos con aquel ídolo llamado Raphael, que nos hiciera vibrar y llorar y soñar al son de Yo soy aquel, de Estuve enamorado, de Cuando tú no estás, de Toco madera, y de tantas y tantas más, de pronto sentimos que las venas y la sangre se nos paralizaban porque él estaba ahí.

Primero pasó de largo, anónimo, hacia los camerinos, mientras todo un ejército de fanáticos raphaelistas, así, con “ph” intermedia decidimos darle una serenata al pie del estudio abierto hacia la redacción donde Jorge Ramos lo entrevistaría. Era un sencillo pero genuino homenaje.

En camino al lugar, y guiado por Ramos, quien se dio cuenta de lo que le preparábamos a su entrevistado, de pronto las voces comenzaron a sumarse: una, dos, diez, veinte, cincuenta. Esa seria redacción se convirtió en un eco increíble, de jóvenes y no tan jóvenes cantando al “Ruiseñor de Linares”: “Yo soy aquel, que por quererte da la vida. Yo soy aquel que estando lejos no te olvida...” Visiblemente emocionado con el desentonado coro de locos, Raphael detuvo su paso para escucharnos cantarle. Nos aplaudió, y ahí fue cuando me salió el alma pueblerina que no quiero perder nuuunca jamás: casi me desmayo como lo hubiera hecho en la década de los 60 si alguien me lo hubiese presentado entonces.

En primera fila, alcancé a decirle: “Raphael, tú fuiste el Justin Bieber de nuestros días”. “Tú fuiste la luz de nosotros”.

Y aquel artista con ojos conmovidos por la sinceridad de aquella bola de locos que le rodeaba, solo alcanzó a decirnos emocionado: “Gracias, gracias, gracias”.

No me enteré de más porque reportera al fin tuve que salir de inmediato a cubrir una noticia, pero después, con las repeticiones que se sucedieron en Despierta América, Noticias 23-Miami y Primer impacto y con las imágenes de Borja Voces, fue cuando me di cuenta de la dimensión de lo que habíamos hecho las y los “rahaelistas”: habíamos gritado como quinceañeras ante el hombre que nos desataba los sueños de una juventud vivida.

Me habló Antonietta desde Connecticut donde vive: “Ay, mamá, te vi gritándole a Raphael. No sé si nosotros seremos capaces de querer a un artista tanto como ustedes. Aunque nunca imaginé a mi madre, la que se mete en los túneles y anda con el agua al cuello por la noticia, gritarle a un artista como lo hiciste con Raphael. Y ¿eso del Justin Bieber de nuestros días? Mamá”. Le pregunté a mi niña sobre su locura con aquel grupo llamado Hanson, por el que pegó en todas las paredes de su cuarto con fotos de aquellos chicos cuando ella tenía 12 años. “Ni me acuerdo de ellos”, respondió.

Esa es la diferencia, le digo. Raphael, 50 años después, seguirá siendo el grande, el inmenso de la música, el de la letra y melodía que nos hizo soñar y quizá la clave de que varias generaciones le recuerden sea sencilla: nunca nos dio una canción morbosa con sexo explícito.

Solo nos dio amor. A Raphael las quinceañeras de los 60 y 70 tenemos que darle las gracias por lo que nos hizo soñar, y también por algo más: por haber sido en la extensión de la palabra: todo un señor.

mariaantonietacollins@yahoo.com

@CollinsOficial

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