MCB reimagina el ‘Sueño de una noche de verano’
El fin de semana pasado se estrenó por fin el tan esperado y promocionado A Midsummer Night’s Dream de George Balanchine, reimaginado por el Miami City Ballet (MCB) bajo la dirección artística de Lourdes López y con la colaboración de Tarell Alvin McCraney en la dramaturgia y Michelle Oka Doner en los diseños de escenografía y vestuario.
A Midsummer Night’ Dream es un ballet largo, estrenado originalmente en 1962, que utiliza la hermosísima música descriptiva de Feliz Mendelssohn y ha sido considerado por muchos como una obra maestra.
Según las notas al programa, el objetivo del MCB es “demostrar la universalidad de la coreografía de Balanchine (y la obra sublime de Shakespeare) al revelar ambas en un nuevo y sugestivo ambiente” y es por eso que López, McCraney y Doner han trasladado la historia de un bosque mágico ateniense al mundo acuático del sur de la Florida.
La imagen del inicio es una foto submarina del Puerto de Miami, el primer acto se desarrolla “cerca de un estuario en una Víspera de San Juan” (cuando los seres sobrenaturales se entretienen con travesuras de todo tipo) y el segundo tiene lugar “en la corte de Theseus”, en un salón inspirado por una foto del Coral Castle de Miami. Los diseños de vestuario recrean elementos de especímenes marinos reales.
Así las cosas, el talentoso equipo creativo (que incluye a Sandra Jennings en el montaje, John Hall en las luces y Wendall Harrington en las proyecciones) ha realizado un makeover sobrio y elegante con música en vivo (bajo la experta dirección de Gary Sheldon) que es también una gran oportunidad de lucimiento para un elenco numeroso que incluye intérpretes de música sacra y estudiantes de la escuela de la compañía.
El montaje respeta la estructura en dos actos y la coreografía de Balanchine, pero al cambiar la ubicación, proponer un look diferente (escenografía cavernosa, proyecciones, vestuario más ligero) y asumir las situaciones humorísticas con un desenfado abiertamente insustancial, el resultado es un Sueño con algunas libertades creativas en el primer acto que no convencen del todo.
El primer acto puede disfrutarse mucho más si uno está dispuesto a aceptar que aquí no hay hadas y duendes interactuando con humanos. Este es otro Sueño, un sueño con seres quiméricos de otro tipo. Los seres humanos, las hadas y los duendes no habitan bajo el agua.
Como las parejas de enamorados que centralizan la historia, Emily Bromberg, Jennifer Lauren, Chase Swatosh y Renan Cerdeiro son encantadores. Simone Messmer (Titania) y Kleber Rebello (Oberon) proyectan “realeza”. Jordan-Elizabeth Long es ágil como Hippolita y Reyneris Reyes es un sobrio caballero.
Shimon Ito (algo estridente como Puck ) y Nathalia Arja (Butterfly) son ejecutantes virtuosos y Carlos Miguel Guerra tiene la presencia idónea para Theseus pero el pas de deux “el amor es ciego” de Titania y Bottom (con cabeza de asno en el original y ahora de manatí) ha perdido eficacia comunicativa. Probablemente porque no es lo mismo actuar como un asno que actuar como un manatí.
Por suerte, el segundo acto sigue siendo un festejo magnífico y el pas de deux ubicado en su centro es un triunfo indiscutible para sus intérpretes (Tricia Albertson y Rainer Krenstetter, la noche de estreno).
Una puesta en escena es un logro mientras consiga lo que pretende y este A Midsummer Night’s Dream es un éxito (ovación interminable al final incluida) porque irradia la universalidad de Balanchine y Shakespeare y afianza al MCB como una compañía en todo su esplendor.
Esta historia fue publicada originalmente el 22 de marzo de 2016, 10:53 a. m. with the headline "MCB reimagina el ‘Sueño de una noche de verano’."