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La señora de La Habana, 10 semanas en cartelera con humor elegante y reflexivo


Grettel Trujillo, Marta Velasco y Zully Montero en ‘La señora de La Habana’, que se presenta en el Teatro Trail.
Grettel Trujillo, Marta Velasco y Zully Montero en ‘La señora de La Habana’, que se presenta en el Teatro Trail. el Nuevo Herald

La señora de La Habana ha llegado para quedarse. Con más de 10 semanas en cartelera en la Sala Catarsis del Teatro Trail, el público continúa agasajándola los viernes, sábados y domingos. La obra, representada en dos actos, es una comedia costumbrista escrita por Luis Santeiro, autor de la imprescindible serie ¿Qué pasa USA?

Esta comedia no es ajena a la preocupación histórica y sociológica que genera el exilio y que es el centro temático de la obra de Santeiro. El texto refiere la relación de una madre y una hija y el reencuentro despues de largos años de separación, la cual ha generado una distancia emocional. Con textos claros y precisos, Santeiro retrata los conflictos y discrepancias, los discordantes cambios de actitudes y las divergentes prioridades de una y otra; pero todas esas tensiones son resueltas por el autor con ternura y humor.

Max Ferrá, trabajador incansable del teatro en la ciudad, dirige a tres extraordinarias actrices: Marta Velasco, Zully Montero y Grettel Trujillo, que durante dos horas cautivan al público pasando de los momentos catárticos a la risa. Las actrices realizan una encomiable labor llena de matices y evocación en cada uno de sus personajes. La interrelación entre ellas y el disfrute en sus caracterizaciones, el público lo premia con prolongados aplausos.

Esta obra toca aspectos domésticos, familiares y cotidianos que no han variado sin importar donde se ubique cronológicamente la acción. Los temas siguen siendo recurrentes en el exilio, ese paréntesis aún no cerrado en la historia de Cuba. El texto aborda los nuevos afectos que se avivan con la separación. Es el caso de Zoila (Trujillo), criada de Beba (Montero) en La Habana; quien deviene en su protegida, su hija escogida donde volcaba su amor maternal, su dolor, su confianza y por la cual Marita (Velasco) sentirá celos. Los problemas de convivencia, los nuevos afectos, las complicidades, la dependencia económica, la solidaridad que genera la carencia, la sofisticación versus la inmediatez de resolver un problema primario como la alimentación, son realidades que se conducen por caminos paralelos y que solo el tiempo los hará cruzarse.

Ferrá cuenta también en su equipo con Alejandro Galindo, quien es el responsable del diseño, escenografía y vestuario y que, sin pretensiones, reproduce el hábitat de una clase media miamense. La puesta en escena es dinámica, fluye y va desenredando el complejo tejido de las relaciones humanas. Dos escenarios para dos momentos (1980 y 1990) y dos situaciones diferentes para las actrices, que a su vez se desdoblan en dos personajes. La experiencia interpretativa de Zully, Marta y Grettel, así como la musicalidad y el ritmo de sus acciones, conducen el camino argumental a momentos hilarantes e introspectivos.

La señora de La Habana es una obra que refresca la escena local con un humor elegante y reflexivo. • 

Esta historia fue publicada originalmente el 15 de enero de 2015, 7:00 a. m. with the headline "La señora de La Habana, 10 semanas en cartelera con humor elegante y reflexivo."

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