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El ‘Medaka’ alucinante de Lázaro Godoy

La convicción con la que Godoy le da vida al dolor que acompaña el proceso de crecimiento de Medaka es asombrosa.
La convicción con la que Godoy le da vida al dolor que acompaña el proceso de crecimiento de Medaka es asombrosa. Gabriel Guerra Bianchini

El bailarín y coreógrafo cubano Lázaro Godoy estrenó su solo Medaka el viernes pasado en el On Stage Black Box del Miami-Dade County Auditorium como parte de un programa compartido organizado por Tigertail para su festival cuyo tema es el agua.

El título de la obra hace referencia a un pequeño pez que habita en los ríos y lagos de las cuencas fluviales de Japón, preferentemente en las aguas estancadas o de poco movimiento.

El programa abrió con el músico neoyorquino Miguel Frasconi, manipulando con pericia sus instrumentos de vidrio con agua.

Al regresar del intermedio, el público se encontró ubicado alrededor de una laguna azul. La iluminación desaparece y comienza a escucharse el sugerente universo sonoro que va a acompañar a Godoy por la próxima media hora.

Godoy es el centro de toda la atención, pero Medaka es el resultado de un trabajo de equipo de enorme eficacia artística.

La composición de los sonidos es de Jorge Gómez Abrante, los músicos son Julio Roloff, Armando Rodríguez Ruidaz, Gustavo Matamoros y Robert Blatt. Las luces son de Joshua Gumbinner; el traje es de Miki Avni. Sin olvidar a Luis Eligio D. Omni en visuales y video y a Juan María Seller como asistente de ensayos.

Todos ellos logran una puesta en escena en la que todo fluye alrededor de Godoy con imperturbabilidad elegante en un ambiente mágico que provoca una especie de recogimiento.

La historia comienza con una pequeña área circular iluminada donde podemos apreciar un cuerpo que se acerca arrastrándose y algo nos dice que para poder apreciar Medaka a plenitud nos va a hacer falta entregarnos al disfrute de sus imágenes con el arrobamiento y el asombro de quien se siente deslumbrado por primera vez.

El pez Medaka, protagonista de la historia y todavía apenas una larva, se muestra poco a poco. Todo el cuerpo de Godoy está cubierto por una hermosa malla diseñada y dibujada al detalle que funciona como un guante.

Aparece un área circular mucho más grande y la criatura se desplaza. Presenciamos un encuentro inquietante con un hombre donde Medaka es incluso lanzado con fuerza al centro del área pero sobrevive.

Una vez solo, Medaka comienza a retorcerse. Intenta incorporarse, pero cae de nuevo. El diseño de piso parece cobrar vida. Medaka se queja. Las luces se apagan.

Cuando volvemos a verlo nos encontramos con un Medaka ya capacitado para ponerse de pie.

La convicción con la que Godoy le da vida al dolor que acompaña el proceso de crecimiento de Medaka de larva a pez joven es asombrosa. Algo tan simple como respirar es transformado en una experiencia extraña y conmovedora. Levantarse y andar es todo un suceso.

El color azul inunda la escena y el área circular muestra su esencia antes de desaparecer. El escenario retoma su forma cuadrada.

En el piso comienzan a proyectarse entonces imágenes suyas nadando y un Medaka adulto abandona lentamente la escena. Verlo partir al final, a la manera de un héroe solitario, es un hito esperanzador.

Cuando Medaka regresa como Godoy todos los espectadores se ponen de pie. Sus colaboradores lo acompañan y el aplauso se hace ovación que solo termina cuando el grupo decide marcharse.

Sin duda alguna, el aliento poético de la entrega con la que Godoy y su equipo han colaborado para guiar a los espectadores a través de la historia alucinante de Medaka transforma esta sofisticada puesta en escena en algo más y Medaka queda en la memoria también como un hermoso alegato a favor de la vida.

Esta historia fue publicada originalmente el 18 de abril de 2016, 9:48 p. m. with the headline "El ‘Medaka’ alucinante de Lázaro Godoy."

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