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‘Carne’, un drama con elementos del absurdo

Desde la izq.: Héctor Alejandro González, Miriam Bermúdez, Mónica Rodríguez, Rosabel Ceballes y (sentada en el piso) Jessica Mesa.
Desde la izq.: Héctor Alejandro González, Miriam Bermúdez, Mónica Rodríguez, Rosabel Ceballes y (sentada en el piso) Jessica Mesa. Alejandro Alonso

Unos cordeles dibujan una intrincada trama, también delimitan un espacio vacío donde aparentemente es posible entrar, pero no salir. Varias maletas –quizás restos de víctimas anteriores– y algunos artefactos –un reloj, un teléfono de cajón, platos, hachas y cuchillos– dispuestos sobre el suelo. Y ellos. Ellos son El Hijo (Héctor Alejandro González), La Mujer (Rosabel Ceballes), una muchacha vestida de blanco, descalza y amordazada (Jessica Mesa), La Madre (Miriam Bermúdez), toda una generala de charretera y que hará su aparición algo más tarde; y la que provoca con su llegada la crisis, una posible Inquilina (Mónica Rodríguez) que se presenta respondiendo a un anuncio en el periódico sobre una habitación que se alquila con ciertas características, entre ellas, cama, baño y una vista hermosa. En medio de la tensión reinante, en un ambiente cerrado y claustrofóbico, “ellos”, todos ellos, tienen hambre y quieren comer.

Constantemente se habla de “allá” y “aquí”, sin que nunca se aclare a qué ubicación geográfica específica se refieren, aunque no es muy difícil imaginar que este juego simbólico establece un contrapunto cubano entre nación y emigración o exilio. Hay un momento en que la muchacha amordazada extrae una maltrecha bandera cubana y otro de los personajes la lleva atada al cuello. La Inquilina buscar el sitio anunciado donde residir, pero pronto se percata de que el anuncio en el periódico es un truco para atraer incautos que sirvan de comida, carne para ser devorada. Y comienza a inventar nuevas reglas y a tomar medidas para cambiar el final de la historia.

Esta es, a grandes rasgos, la trama de Carne, una pieza escrita entre las dos orillas, por Maikel Chávez, que reside en Cuba –de quien se vio en Miami hace unos años Puerto de Coral en versión y bajo la dirección de Juan Roca– y Erom Jimmy Cuesta, que además la dirige en un montaje para Akuara Teatro de Miami Factory Theater, con quien también el autor ha llevado a escena La historia del hombre que se convirtió en perro, La fierecilla domada –un montaje muy fresco y dinámico que tuve la oportunidad de ver en el Miami Hispanic Cultural Center– y Sangre –que se estrenó en uno de los últimos TEMFest–. Cuesta es graduado de Artes Escénicas en el Instituto Superior de Arte de La Habana (ISA), y desarrolló una intensa labor teatral en España, donde vivió por casi 14 años.

El vestuario, las luces, los efectos sonoros, contribuyen a acentuar un ambiente donde las relaciones humanas están marcadas por el instinto de supervivencia. En medio de la estridencia provocada por el entrechocar de los cuchillos y las hachas, de pronto, se hace la paz y todos, a coro, recitan el Credo de la liturgia católica. Y en otro momento, musitan algo que me sonó como un acto de contrición y atrición. Esto produce cierto desconcierto, pues no se percibe cómo encajan esas oraciones y la forma casi ritual en que se dicen con el resto de la obra. Igual desazón se manifiesta cuando la muchacha vestida de blanco se quita la mordaza. Era de esperar un momento clave, que dijera algo esclarecedor o definitorio; pero no, lo que hace es recitar el poema de José Martí, que aparece en La Edad de Oro, conocido como La perla de la mora, que habla más bien de cómo las cosas se llegan a apreciar después que se han perdido. ¿La libertad en Cuba? ¿El país después de haberlo abandonado?

Sobre Carne, un drama con elementos del absurdo y también de comedia negra ha dicho Cuesta, su coautor y director de la pieza: “Se trata de una inmigrante que desconoce cómo se vive en su país de adopción; y en su nueva vida tiene que hacer lo imposible para no ser ‘devorada”. Eso no se percibe con entera claridad en la pieza. A mi modo de ver, Carne se apoya en un excelente trabajo de los actores, donde se aprovechan sus posibilidades al máximo en un montaje muy bien estructurado. Elevando el desasosiego y la angustia a niveles paranoicos. Todos los actores está muy bien, pero destacan Miriam Bermúdez y Héctor Alejandro González. Si algo se resiente, quizás por la dificultad de desarrollarlo desde “las dos orillas”, es el texto donde la ambigüedad es extrema y donde las oraciones, por ejemplo, parecen parches que no se ajustan del todo. No obstante, Carne es un espectáculo meritorio que vale la pena ver. Un gran esfuerzo que necesita el apoyo del público.

Akuara Teatro, 4599 SW 75 Ave. Funciones: viernes y sábados, 8:30 p.m. Informes: 786-260-9234.

Esta historia fue publicada originalmente el 25 de abril de 2016, 10:52 p. m. with the headline "‘Carne’, un drama con elementos del absurdo."

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