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Columnas del ‘Diario Las Américas’ en Cuba, por Uva de Aragón

​ En 1998 cuando fui a reseñar la visita del Papa Juan Pablo II como “peregrina”, pero pensando y actuando como cronista, entrevistando a todo el que me quisiera hablar, me encontré en las oficinas de la UNEAC con un grupo nutrido de sus principales dirigentes. Entre mis cicerones en La Habana estaba Antonio José Ponte, ahora director de Diario de Cuba en la red y antes de Encuentro.com, que me llevó a esa casa. El dramaturgo y novelista Abilio Estévez fue a verme allí, lo que era un gran honor, pues me decían que él no habría acudido por otras personas. Y se encontraban entre muchos otros, Jorge Luis Arcos, director de la revista Unión, que ahora está en España, y Norberto Codina, director de La Gaceta de Cuba.  

Muchos comentarios de todos ellos los relaté como anónimos en el artículo sobre esta visita, publicado entonces en este diario. Entre las cosas que discutimos se trató de que se editaran en Cuba libros de autores cubanos aún vivos y en el exilio. Porque ya antes habían publicado en La Gaceta cosas de gente exiliada muerta.

Hubo una promesa de que se haría. Y esa promesa se cumplió. Como siempre, estoy a favor de “puentear”, y ese puentear ha sido llevado a cabo. Varios conocidos y amigos han publicado en Cuba, sobre todo, poesía y relato. Por ejemplo, toda la obra de un poeta contemporáneo, Jesús Barquet, profesor universitario, con Cuerpos del delirio (Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2010), y de José Kózer, en 2013, con Editorial Letras Cubanas y Editorial Torre de Letras, y también en 2013, su libro Índole, en Ediciones Matanzas. Además, han publicado a los narradores Mayra Montero, Achy Obejas, Lorenzo García Vega, Daína Chaviano, Daisy Valls, Lourdes Tomé y Ruth Béhar, entre otros.

Pero solo ahora sale un libro en una tirada de más de 2,000 ejemplares, de columnas periodísticas, que es la antología de Uva de Aragón El mundo y mi Cuba en el Diario (Ediciones Holguín, Compilación y prólogo de Vitalina Alfonso). Y ese diario es nada menos que el Diario Las Américas, donde ella colaboró por muchos años antes de venir a trabajar como columnista de opinión en el Nuevo Herald. Y como Uva me escribió: “Hace 20 años una de las razones por la que me negaron la entrada [a Cuba] era que escribía para ese periódico”.

De Aragón presentó el libro en la Feria del Libro de La Habana, y ha tenido desde entonces un éxito de venta en Cuba, pues se ha agotado. Estos son los parámetros en los que incluyó los textos su compiladora y editora Vitalina Alfonso, que denotan las temáticas más frecuentes: Historias de familias, Temas universales, Personalidades cubanas, Cultura cubana, Lectura de libros, Éxodo, Exilio y Reconciliación, Desde los Estados Unidos y Viajera incansable.

Debo confesar que puedo decir de este libro lo mismo que dijo Uva acerca de haber leído de un tirón mis parábolas Palabras de mujer / Parables of Women (Betania), cuya reseña tuvo la gentileza de incluir en esta antología y que ya ha tenido resultados de personas en la isla pidiendo mi libro. Además, ha sido la que mejor ha comprendido mi intención y mi estilo. Y estoy de acuerdo con sus otras reseñas de otros autores e historias de gallegos y cubanos, pues son cosas que me atañen muy particularmente. Pero lo mismo me pasó con su libro, que no puede dejar de leerse cuando se empieza, aunque ya conocía muchas de estas crónicas, pero a la vez invita a la profunda reflexión cuando se termina.

Ya lo dijo José Gabriel Barrenechea en el blog periodístico de Yoani Sánchez 14ymedio. “Es un libro de dificilísima lectura, no por el estilo, que no puede ser más directo y sintético, sino por la carga emocional que se concentra en cada uno de estos breves artículos. No puede el lector más que hacer largas pausas tras leerlos, a la espera de que en algún momento esa fibra que nos han puesto a resonar finalmente se detenga, que logremos por fin asimilar ese mazazo de sentimientos e ideas con que la autora nos enfrenta en cada uno. Confieso que, por ejemplo, tras leer Mi padre y la luna y Mi madre y los caramelos he debido abandonar para otro día una lectura que no acababa sino de iniciar”.

Uva escribe como si nos estuviera contando un cuento, muy conversacionalmente, y es en realidad el cuento de su vida, pero también de todos los cubanos. En parte porque sus historias de familia son sobre personalidades que tuvieron preponderancia en la vida nacional. Ella es descendiente del gran narrador Alfonso Hernández Catá y de su hermana, la periodista Sara Hernández Catá, y tuvo como segundo padre, al político y ensayista Carlos Márquez Sterling, pues su mamá había quedado viuda del que le dio el apellido a ella, el doctor Ernesto R. de Aragón. Además, su familia tuvo lazos de amistad con muchas figuras de la vida nacional, tanto en la isla como en el exilio.

Que Uva se haya atrevido a relacionarse con Cuba después de 1999, cuando la dejaron entrar, es una pica en Flandes. No se puede hablar de Cuba con conocimiento sin estar en contacto con sus pobladores. Y este libro constituye un avance para ampliar y mejorar la información sobre todos nosotros dentro de la isla, un compendio de nuestras vidas, las de la otra orilla.

olconnor@bellsouth.net

 

 

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