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Alonzo King LINES Ballet y la fuerza transformadora del arte


Kara Wilkes con Michael Montgomery, Robb Beresford, Shuaib Elhassan y Jeffrey Van Sciver de Alonzo King LINES Ballet en ‘Writing Ground’ en el South Miami-Dade Cultural Arts Center.
Kara Wilkes con Michael Montgomery, Robb Beresford, Shuaib Elhassan y Jeffrey Van Sciver de Alonzo King LINES Ballet en ‘Writing Ground’ en el South Miami-Dade Cultural Arts Center. Especial/el Nuevo Herald

La afamada compañía Alonzo King LINES Ballet, procedente de San Francisco, conquistó a la audiencia del South Miami-Dade Cultural Arts Center (SMDCAC) la noche del sábado, durante su primera visita al sur de la Florida para ofrecer una única función.

El acogedor SMDCAC se anota otro punto a su favor al incluir a LINES en su programación y comienza a consolidarse como un lugar donde se puede ir a ver danza del más alto nivel.

Las coreografías de King son trabajos que fusionan de manera espléndida el ballet con otros tipos de danza y el nivel de todos sus bailarines es impresionante.

El programa abrió con Concerto for Two Violins, con música de Bach; avanzó de manera segura con Men’s Quintet, utilizando música del bajista Edgar Meyer y cerró por todo lo alto con Writing Ground, que se apoya en manifestaciones de música religiosa de origen diverso.

Concerto (estrenada en octubre de 2013) utiliza la misma música elegida por Balanchine para Concerto Barocco (1948) y Paul Taylor para Esplanade (1975).

La comparación es inevitable, pero la obra de King es una propuesta neoclásica con personalidad propia que, armada en tres secciones, se proyecta como un ejercicio desenvuelto y divertido.

Los 10 bailarines que la ejecutan son individualidades que eluden toda crítica. Las elegantes Kara Wilkes y Laura O’Malley y el cuerpo cincelado de Babatunji sobresalen en el primer movimiento. La fluidez hipnótica de Michael Montgomery define el segundo movimiento.

Montgomery es también la personalidad dominante en el breve quinteto masculino que se presentó a continuación, que es en realidad un fragmento de una obra más larga titulada The Radius of Convergence, que data del 2008.

La pieza afirma asimismo la calidad de los otros bailarines masculinos participantes (Babatunji, Robb Beresford, Shuaib Elhassan y Jeffrey Van Sciver) en solos, dúos y conjuntos que se entrelazan sin dificultad alguna.

Después del intermedio se presentó Writing Ground (2010), un trabajo ambicioso que dura unos 45 minutos y consta de 14 secciones o movimientos.

Esta es una obra sofisticada y por momentos extraña, en ocasiones pesarosa, a veces repetitiva y con frecuencia hermética. Pero es también un trabajo fascinante de principio a fin, que cierra con un quinteto para cuatro hombres solícitos y una mujer dispuesta a ser manipulada hasta el límite mismo de las posibilidades físicas (Kara Wilkes, en la función que reseñamos) que califica como una pequeña obra maestra.

La escena final de Writing Ground impone igualmente una carga interpretativa enorme sobre los hombros de Wilkes: el fragmento entero, en realidad, descansa en su actuación. Ella se entrega al desafío y ofrece un retrato desgarrador e inolvidable, emocionante y sobrecogedor.

El axioma del mundo de la actuación que afirma “meterse en el personaje es fácil: salirse es lo difícil” se hizo absolutamente evidente en el SMDCAC al terminar Writing Ground.

No solo en Wilkes y sus excelentes compañeros de reparto (Elhassan, Montgomery, Beresford y Van Sciver) sino también entre el público presente en el teatro.

Por eso y para ser justos, hay que finalizar esta reseña con una recomendación.

Si alguna vez tiene la oportunidad de asistir a una presentación de Alonzo King LINES Ballet y descubre que Writing Ground es la obra que cierra el programa, es conveniente que se mantenga en la sala hasta que finalice del todo la interminable ovación de pie con la que los artistas, por seguro, van a ser premiados al final.

Va a necesitar ese tiempo para reponerse de la experiencia antes de caminar hacia el vestíbulo con las últimas lágrimas todavía intentando brotar de sus ojos.

Esto se debe a que los últimos siete minutos de la pieza tienen el poder de conmover y transformar al espectador.

Definitivamente, sentirse trastornado es motivo de celebración en este caso porque experimentar a plenitud la fuerza transformadora del arte es algo que no ocurre con frecuencia. • 

Esta historia fue publicada originalmente el 20 de enero de 2015, 7:00 a. m. with the headline "Alonzo King LINES Ballet y la fuerza transformadora del arte."

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