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Matemática del deseo, de lo filosófico-intelectual a lo cotidiano en esta obra teatral

Yrelkah Brown, Juan David Ferrer y Yenilén Mola conforman el elenco de ‘Matemática del deseo’.
Yrelkah Brown, Juan David Ferrer y Yenilén Mola conforman el elenco de ‘Matemática del deseo’. rkoltun@elnuevoherald.com

Cuando vi, en el marco de una serie de lecturas dramatizadas, la que se hizo de Matemática del deseo, lo primero que pensé fue en lo difícil que resultaría llevarla a escena. Era una obra muy compleja, con mucho texto que se movía en diversas tesituras –que iban del tono filosófico-intelectual a la carnalidad en la cotidianidad de una pareja–, pero sobre todo por un constante ritornello, un girar sobre sí misma, con constantes saltos hacia delante y hacia atrás, que la convertían en un verdadero reto para cualquier director.

Pues bien, Yoshvani Medina, su autor, la dirige en un montaje que me atrevo a calificar de espectacular. La obra abre con una construcción en el proscenio en forma de pirámide truncada, hecha con cubos –en su acepción geométrica– de plástico con ranuras que permiten ver a través de ellos y colocados con espacios entre uno y otro. Aunque más bien funcionan como piezas de Lego que permiten a los tres actores construir los distintos escenarios donde se desarrolla la obra, la recepción de un hotel, un gimnasio, una cama, asientos, etc. Es un trabajo que, se nota, ha sido muy bien ensayado pues requiere de un constante armar y desarmar, sin tregua, sin pausas, y que no admite fallos. Los actores salen airosos de esta dura prueba y no es de extrañar pues se trata de tres experimentados profesionales, Juan David Ferrer, Yenilén Mola y Yrelkah Brown.

La compleja trama conforma un triángulo cuyos vértices son Fedra, una pintora en busca de su obra maestra, que transforma o da apariencia de hotel a un asilo psiquiátrico donde se ha recluido –según ha declarado Medina, él se inspiró en la vida de la pintora y escritora japonesa Yayoi Kusama (1929)– y el matrimonio compuesto por Ben y Tarah. Ben es un inventor, piensa que ha ideado algo verdaderamente revolucionario –una especie de recolector de energía– y busca dinero para patentarlo. Acuden al presunto y desierto hotel a descansar y pasarla bien. Pero aquí nada es lo que parece, todos fingen creer en lo que no creen, y comienzan las sucesivas vueltas de tuerca. Se desatan las pasiones, las frustraciones y los deseos reprimidos, hasta el clímax, que estalla como un torbellino, como un tornado devastándolo todo, en el inesperado final.

Matemática del deseo es una obra dura de ver. Los actores dejan la piel en el escenario. Juan David Ferrer es un profesional muy dúctil y aquí está soberbio, desafiante, en uno de los mejores papeles que le he visto hacer, llevando el peso de la trama, pero muy bien secundado por Yrelkah Brown, como la esposa y Yenilén Mola como la pintora enloquecida. Mola brilla en un rol muy difícil, casi diabólico, que provoca muchas interrogantes. ¿Todo vale para alcanzar lo que se desea? ¿Es el deseo un fuego que es necesario apagar? ¿Se puede traicionar por amor? Brown, magistral, constantemente se transfigura en su camaleónico papel, ocultando, guardando bajo la manga, la última carta.

Si algo no funcionó bien el día del estreno fueron las luces. Aparte de que en ocasiones, se encendían y apagaban a destiempo, al final –una escena clave– no se pudo apreciar cuando Fedra ejecuta, pinta, sobre los cuerpos desnudos “su gran obra”. Solo fue posible imaginar lo sucedido, cuando los actores salieron a saludar con restos de pintura –de diversos colores– sobre parte del rostro y el cuerpo. Quiero anotar también una pequeña alegría que se transformó en frustración. Al entrar vi que se estaban repartiendo “programas de mano”, una costumbre lamentablemente perdida ya, y que ha sido reemplazada por clásica tarjetita de propaganda, que no dice nada de la obra. Pues la frustración se produjo al comprobar que el tal “programa de mano”, tampoco decía ni una sola palabra sobre la obra que veríamos. Algo sencillamente insólito.

Por otro lado, en estos tiempos aciagos que estamos viviendo los que amamos el teatro, cuando una a una –una gran ciudad nunca será una gran ciudad sin teatro– han ido cerrando las salas que se dedicaban a hacer teatro de arte o serio o como quieran llamarlo –recientemente acaba de cerrar Akuara, una de las pocas que quedaban–, se hace más necesario que nunca apoyar esfuerzos como el de Yoshvani Medina y ArtSpoken. Vayamos al teatro, Matemática del deseo es una pieza que a nadie dejará indiferente.

‘Matemática del deseo’, en ArtSpoken (1167 SW 6 St.) Viernes y sábados, 8:30 p.m.; domingos, 5 p.m. Informes: 305-588-8117. El espectáculo dispone de supertítulos en inglés.

Esta historia fue publicada originalmente el 24 de mayo de 2016, 8:00 p. m. with the headline "Matemática del deseo, de lo filosófico-intelectual a lo cotidiano en esta obra teatral."

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