‘Sweet Bean’, profunda sencillez
Los cerezos en flor embellecen la vida junto a la pequeña dulcería de Sentarô (Masatoshi Nagase). Las colegialas de la escuela cercana se deleitan con los Dorayakis que allí sirven. Pero este dulce tradicional japonés con relleno de pasta de judías rojas (anko), está lejos de ser perfecto. El repostero necesita ayuda, y una mujer (Kirin Kiki) se ofrece. Se trata de una septuagenaria, con las manos deformes. Muy vieja para estas labores, piensa Sentarô. Sin embargo, los frijoles dulces de la anciana son extraordinarios.
El filme de la japonesa Naomi Kawase (Aguas Tranquilas), basado en la novela de Durian Sukegawa, pareciera simple y falto de sustancia, pero algo mucho más profundo va descubriéndose en él. El ritmo es lento, pausado, porque su historia así lo exige, como los frijoles dulces requieren tiempo de asiento, paciencia y cuidado. El conflicto que encierra es, al contrario, amargo, y se remonta al pasado. Está escondido en el hosco Sentarô y en otra parte, un sanatorio japonés, cárcel perpetua de leprosos por más de medio siglo. Los árboles florecidos, el pájaro enjaulado de una adolescente (Kyara Uchida)– tercer personaje de esta historia –son los recurrentes símbolos, aunque muy evidentes– de la naturaleza y la vida frente a la soledad y la falta de libertad.
En contraste a los planos exteriores, la cámara no se regodea en los ambientes interiores; el ángulo se mantiene cerrado para concentrarse en esas pequeñas cosas: las expresiones de los rostros, una cazuela humeante, la mezcla de pancakes inflándose sobre la plancha. Al fondo emerge un filme muy sensible y delicado, con una protagonista que llegamos a amar: esta anciana que trae a la vida de un hombre mucho más que su receta de frijoles dulces.
Sweet Bean, estreno exclusivo en Miami, podrá verse en el Coral Gables Art Cinema.
@Pilarinayuso
Esta historia fue publicada originalmente el 9 de junio de 2016, 2:21 p. m. with the headline "‘Sweet Bean’, profunda sencillez."