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‘Brookdale’ o el neosurrealismo desgarrador de Lázaro Godoy

‘Brookdale’ funciona con eficiencia al transmitir la memoria traumática de Godoy y su reescenificación es una puesta en escena neosurrealista.
‘Brookdale’ funciona con eficiencia al transmitir la memoria traumática de Godoy y su reescenificación es una puesta en escena neosurrealista. Fersson Vega

Miami Theater Center (MTC), con sede en la comunidad de Miami Shores, le ofrece apoyo a artistas de teatro y danza para crear, ensayar y presentar un nuevo trabajo durante un período de cinco semanas de residencia. El bailarín y coreógrafo cubano Lázaro Godoy ha sido el último en aprovechar esa oportunidad.

A un lado de la sala principal de MTC se encuentra el SandBox, un espacio pequeño para creaciones inusuales, donde Godoy presentó su montaje más reciente titulado Brookdale, inspirado en una experiencia personal aterradora.

Según las notas al programa, un día en el 2013, Godoy pasó por la seguridad del aeropuerto como lo había hecho muchas veces antes pero, por razones que aún no están claras, esta vez fue detenido y enviado a Brookdale, un hospital psiquiátrico en el que se le mantuvo drogado y se le negó contacto con el mundo exterior. Su página Facebook tiene un relato detallado de todo el episodio.

Al abrirse la puerta de entrada, el público es recibido por una prototípica aeromoza, pero rápidamente se hace evidente que la rubia escultural es en realidad un prototipo mecánico. Su mirada carece de humanidad y su voz repite las mismas indicaciones una y otra vez.

A continuación, el espectador es detenido por un agente de la TSA (Administración de Seguridad en el Transporte, por sus siglas en inglés) que le pide guardar sus pertenencias en una bolsa antes de pasar por un escáner. Todos los espacios están poco iluminados, han sido simulados con plástico y la sensación es como entrar en una zona de control por contaminación.

Una vez dentro, el público es dirigido a sus asientos (“please proceed to your assigned seat”, ordena la aeromoza) y se requiere a quitarse los zapatos.

En la pared del fondo, hay seis monitores de seguridad con imágenes de lugares diferentes del aeropuerto.

Hay que reseñar que la puerta del teatro se abre a las ocho de la noche y el proceso de acomodar a los presentes toma unos cuantos minutos. Godoy, con la apariencia de un chaplinesco judío ortodoxo es el último en entrar, maleta en mano. Son las 8 y media y comienza la obra.

Lo que sigue son 45 minutos desgarradores para Godoy y sobrecogedores para los espectadores, de alguna manera obligados a ser parte de la historia.

Godoy es actor protagonista, director artístico y coreógrafo; Michael Yawney es el director de la dramaturgia, las luces son de Ana María Morales y Alec Kreisberg es el compositor de la música original.

La ambientación sonora es un elemento sumamente importante en Brookdale e incluye música electrónica del dúo Matmos; el Ballet Mécanique (1924) del vanguardista George Antheil, con su ruido de hélices de avión; y algo del homenaje de Marc Ribot y Los Cubanos Postizos al fallecido músico cubano Arsenio Rodríguez.

Brookdale es un espectáculo unipersonal pero no es un solo y algunos personajes incidentales son interpretados por Esperanza Camacho (madre), Anay Castro (hermana), Sangode Lowe (agente de la TSA), Juan María Seller (sacerdote) y la excelente Katie Wiegman como la aeromoza.

Otros colaboradores son el artista multimedia Luis Eligio D Omni y los titiriteros Gila Cohen y Julio Almaguer.

Como ejercicio de arte acción o de performance, Brookdale funciona con eficiencia al transmitir la memoria traumática de Godoy y su reescenificación es una puesta en escena neosurrealista (aliento kafkiano incluido) que combina teatro, danza, circo, video e instalación.

Así las cosas, Brookdale lleva a los espectadores al límite de su tolerancia ante la teatralización de circunstancias extremas y es la revancha exquisita de Godoy ante lo acontecido, transformando su historia, sus sentimientos y su cuerpo en una poderosa obra de arte.

La fuerza del compromiso axiomático de Godoy con el ser humano hace que el público confíe en Godoy como actor y se identifique con Godoy como personaje. Lamentablemente, Godoy (el director) agrega casi al cierre un comentario político en imágenes que se siente innecesario.

Al final, una grabación les pide a los presentes que abandonen la sala de manera ordenada. No hay aplausos. Los espectadores obedecen, se ponen los zapatos, pasan junto al cuerpo desnudo de Godoy atrapado en un cubo de acrílico transparente y se marchan a casa.

Siga a Orlando Taquechel en Twitter: @ortaquechel20

Esta historia fue publicada originalmente el 28 de junio de 2016, 2:25 a. m. with the headline "‘Brookdale’ o el neosurrealismo desgarrador de Lázaro Godoy."

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