‘No daré hijos, daré versos’: provocadora, irreverente, controversial
Muy acertada ha sido la propuesta No daré hijos, daré versos, de la compañía uruguaya Teatro La Morena, una producción copatrocinada por el Consulado General de Uruguay en Miami, para inaugurar el 31 Festival Internacional de Teatro Hispano de Miami, que dirige Mario Ernesto Sánchez. Vale recordar que Uruguay es también el país invitado este año. Escrita y dirigida por Marianella Morena, la pieza toma elementos de la vida de la poeta uruguaya Delmira Agustini (1886-1914), una mujer adelantada a su tiempo –feminista a ultranza, empeñada en hacer del erotismo el centro de su poesía–, para tejer una historia a partir de sus poemas, de lo que se conoce de su vida y de lo que la escritora de esta obra y su equipo de actores imaginan que fueron los momentos más importantes de sus relaciones familiares y de pareja.
La obra comienza con una cama al centro donde seis cuerpos entrelazados parecen reposar. A la izquierda hay una larga percha con ropas y a la derecha y delante algunos muebles. Mientras la escena se ilumina, se escuchan unos acordes a manera de preludio –tal vez demasiado largo–, hasta que los cuerpos se avivan y entonces descubrimos que son Delmira Agustini y Enrique Job Reyes, la poeta y su marido, un negociante de ganado, desdoblados en tres versiones de sí mismos. Un comienzo impactante. La pieza se vale con acierto de diferentes recursos y técnicas que van del musical al teatro dentro del teatro sin desdeñar la caricatura que provoca la risa, rozar el esperpento, los juegos o la reconstrucción –gestos– del entorno familiar –madre padre hermano, sirvienta– con el objetivo de traer al presente a una gran mujer asesinada precisamente por su ex marido –el matrimonio duró menos de dos meses–. Al morir, Delmira tenía 27 años.
Provocadora, irreverente, controversial, como suele ser a menudo el buen arte, la obra es la representación, en tres actos, de una muerte coral: la de una de las primeras, si no la primera, poeta hispanoamericana en escribir poesía erótica. Ejecutada por seis estupendos y muy fogueados actores –se nota que la pieza ha sido muy, pero muy ensayada– que se desdoblan en varios personajes: Lucía Trentini, Agustín Urrutia, Mané Pérez, Leonardo Noda. Laura Báez y Domingo Milesi, apoyados por una escenografía muy funcional y un excelente trabajo de luces.
La fogosidad de esta mujer en la pieza –una especie de ardor inextinguible, se llega a insinuar incluso en deseos incestuosos por el hermano–, hace que los hombres, a los que acusa de tener “el gato muerto” o de ser “blandos”, literalmente, huyan de ella, causando la risa de muchos espectadores; pero también cierto desasosiego en algún que otro asistente, que podría preguntarse si con la pieza se pretende un homenaje a la eximia figura de las letras uruguayas, exaltada por Rubén Darío, entre tantos otros, o es tan solo el móvil para realizar una buena pieza.
Al final de la obra, los actores de pie, frente al público, leen fragmentos de cartas de la poeta modernista –alguna dirigida al escritor argentino Manuel Ugarte, quien además de ser uno de los testigos de su boda, fue su amante–, dejan oír una grabación, muestran la presunta pistola del crimen, objetos todos relacionados con Delmira y una subasta, y se cierra el círculo. No daré hijos, daré versos es una obra que se aparta bastante del teatro que se venía haciendo todavía en Uruguay, fresca, dinámica, moderna. Un buen comienzo, repito, para 31 Festival Internacional de Teatro Hispano de Miami.
Más información sobre el Festival en www.teatroavante.org o llamando al 305-445-8877 o al 305-321-8376.
Esta historia fue publicada originalmente el 11 de julio de 2016, 3:59 p. m. with the headline "‘No daré hijos, daré versos’: provocadora, irreverente, controversial."