Timbuktu, donde se prohíbe vivir en nombre del Islam
El filme francomauritano Timbuktu o Le Chagrin des oiseaux, en carrera por el Oscar con una nominación como mejor película extranjera, nos lleva por la trágica historia de un pueblo del desierto en Mali, Tombuctú, donde el derecho a la libertad del hombre se castiga duramente en nombre de la religión.
“Fumar está prohibido, la música está prohibida, el fútbol está prohibido”, se escucha por un megáfono en las desiertas callejas de arena tomadas por la policía islamista. Las mujeres son obligadas a usar medias y guantes, las muchachas a casarse sin su consentimiento ni el de sus padres. A los habitantes se les impide merodear por las calles, detenerse frente a sus casas. Todo está prohibido en esta tierra, en tiempos de la ocupación de fundamentalistas islámicos.
A diferencia de muchos vecinos que han huido de esta existencia inhumana, un pacífico padre de familia de la tribu Tuareg, Kidane (Ibrahim Ahmed), su esposa (Toulou Kiki) e hija de 12 años, se han quedado en su tienda en medio de las arenas del desierto, soñando con un futuro mejor.
“Los guerreros mueren jóvenes”, dice la niña a su pequeño amigo, que pastorea las reses. “Mi padre sigue vivo porque canta y toca la guitarra, pero no se lo digas a nadie”. Como Kidane, muchos se rebelan desde la intimidad de sus moradas contra la intolerancia.
Los que son sorprendidos infringiendo la ley son azotados hasta las lágrimas. Otros –como el caso real de la pareja brutalmente lapidada de Aguelhok en que se inspira el filme– sufren castigos atroces hasta morir. Mientras los que imponen la represión invocando al Profeta no pueden escapar a ciertos goces. Un jefe fuma furtivamente escondido en las dunas; los jóvenes guardias comentan sobre la copa de fútbol, Messi y el equipo Barcelona. Un muchacho yihadista es filmado dando su discurso extremista, pero no puede lograr ser convincente con la idea de que ha dejado atrás sus tiempos de músico de rap para abrigar el camino de Dios.
El drama del director mauritano Abderrahmane Sissako (Bamako) nos interna en este mundo delirantemente absurdo y humanamente cruel donde el Yihad es una guerra declarada contra la paz, la libertad, la alegría y la vida. Y junto a su terrible contenido hay también una intención estética y una gran poesía encerrada en la tragedia, como la que expresa la escena de un conmovedor partido de fútbol, donde los muchachos de Tombuctú, en acto de tenaz resistencia, juegan y anotan goles, sin balón. •
Esta historia fue publicada originalmente el 5 de febrero de 2015, 7:00 a. m. with the headline "Timbuktu, donde se prohíbe vivir en nombre del Islam."