The Duke of Burgundy: inquietante juego de seducción
Hermosos e idílicos lugares muestra este filme ambientado en un otoño europeo, en tiempo indefinido, con un bosque de cuentos de hadas, jardines, un riachuelo. Una mujer va en su bicicleta, se detiene ante una opulenta casa campestre, toca a la puerta. Abre una dama de mediana edad, grave, áspera. “Llegas tarde”, dice por todo saludo. Así el filme nos introduce en la misteriosa historia de amor de Cynthia (Sidse Babett Knudsen) y Evelyn (Chiara D’Anna).
El cineasta inglés Peter Strickland (Berberian Sound Studio) está detrás de la escritura de esta enigmática relación humana que va descubriendo sus velos emocionales y recónditas intimidades, la que protagonizan una sirviente y una dueña de casa. Cynthia, entomóloga y escritora, se sienta a leer en su salón mientras la más joven limpia la alfombra arrodillada en el suelo. El ama se pone pelucas y sexy ropa de mujer madura, bebe agua continuamente –se preguntará el espectador por qué–, teclea en una vieja máquina de escribir, ordena a la sumisa criadita lavar su ropa interior, y la sanciona con un castigo –que intuimos nauseabundo– por sus faltas.
Pero a Evelyn le gusta, porque vuelve a tocar una y otra vez a la puerta de la que resulta ser también su casa. “Llegas tarde”, escucha la que quiere ser castigada. La dominatriz y la sometida, sentada una sobre la otra, descubren sus verdaderos roles, y es en realidad la que está debajo la que dicta las reglas. Todo un juego de seducción sadomasoquista que no oculta una desesperada lucha por no dejar morir un amor que tal vez agoniza. Estudiosas de mariposas y polillas –son las especies de insectos alados el leitmotiv visual del filme– cuando no están metidas en su juguetonamente perverso ritual, participan en conferencias junto a un auditorio de mujeres –y maniquíes– tan extemporáneas como ellas. La narración, sin embargo, se queda por debajo de la belleza visual inspirada en la mariposa Duque de Borgoña, y puede resultar algo densa por momentos.
El filme, muy perturbador y locamente retorcido, se luce por su exquisito trabajo fotográfico. A su vez, la impresionante exhibición de mariposas, con variedad de colores y formas, el agua jabonosa y burbujeante que cubre las prendas íntimas, el primorosamente añejo vestuario femenino (en el filme solo hay mujeres) –botas, capas, sombreros, lencería, y hasta el perfume que imaginativamente se anuncia en créditos: Je Suis Gizella–, los delicados detalles de la ambientación, todo ayuda a crear la espléndida atmósfera sensorial de este filme que acompaña en primer plano el sonido del dúo Cat’s Eyes junto al del estridente aleteo de los insectos. •
Esta historia fue publicada originalmente el 12 de febrero de 2015, 7:00 a. m. with the headline "The Duke of Burgundy: inquietante juego de seducción."