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La Ley de Ajuste Cubano y el desafuero por emigrar de la isla

Muchos cubanos que llegaron a Estados Unidos antes de que el Congreso estableciera la Ley de Ajuste Cubano en noviembre de 1966 permanecían en un limbo migratorio.
Muchos cubanos que llegaron a Estados Unidos antes de que el Congreso estableciera la Ley de Ajuste Cubano en noviembre de 1966 permanecían en un limbo migratorio. Olga Connor

Como muchos exiliados cubanos antes de 1966 he sido inmigrante indocumentada, y como tal, no podría haber sido admitida en este país si hubiese regido un presidente con las ideas que profesan los fanáticos norteamericanos que siguen a Donald Trump.

Los sufrimientos que tuve al darme cuenta de que podría haber sido sometida a deportación se añadieron a los de haber abandonado mi Habana. En el año 1960 yo no podía salir de Estados Unidos, por ejemplo, sin el temor de no poder volver a entrar, no podía usar servicios médicos, sin tener mucho dinero para pagarlos, no podía trabajar sin un permiso. Todo exactamente igual que un inmigrante ilegal o indocumentado.

La razón en principio es que vinimos con visas de estudiantes invitados por el Seminario Presbiteriano de Princeton, el más grande de la Iglesia Presbiteriana, a la que ambos, mi esposo Pedro Vicente Aja y yo pertenecíamos.

Entramos a Estados Unidos por el aeropuerto de Miami, el 3 de junio de 1960, con esa excusa. Y con documentos y dos maletas cargadas de libros escogidos que aún tengo, además de ropa de invierno, para trasladarnos allí. Pero sabiendo muy bien en nuestro fuero interno que él se encaminaba antes a una reunión muy especial convocada en Berlín Occidental por el Congreso por la Libertad de la Cultura, CLC, del que era en ese entonces secretario en Cuba. Iba con el propósito de denunciar al gobierno de Cuba como afiliado al comunismo internacional soviético, aunque no lo había declarado explícitamente. Se unió en esa denuncia Aureliano Sánchez Arango, su contrincante político en Cuba, pero unido en propósitos libertadores de la patria en esos momentos. Solo lograron que se denunciara que Fidel Castro estaba lanzando a la nación cubana dentro de la Guerra Fría.

Ya no podríamos volver a la isla. Mientras tanto, yo había quedado en Pompano Beach, en casa de amigos, los García, de Frutera Garci, en el Mercado Unico de La Habana.

En el avión con Aja iba el rector de la Universidad de Puerto Rico, Jaime Benítez, miembro también de ese Congreso, que patrocinaban las Fundaciones Ford y Rockefeller, y que años más tarde descubrimos eran una pantalla para ocultar el apoyo económico y político de la CIA. Esta organización había reunido a personas que habían pertenecido al Partido Comunista en el pasado y que habían renunciado por el desafuero del estalinismo y por los avances de la Unión Soviética por dominar el mundo occidental y oriental. Se estableció también para oponerse a los congresos por la paz de intelectuales izquierdistas auspiciados por la URSS. Nosotros no sabíamos que la CIA era responsable, pues el grupo de asociados era tan prestigioso, que incluía a intelectuales, como Salvador de Madariaga, Ignacio Zilone, Octavio Paz, Jorge Luis Borges, Raymond Aron, Germán Arciniegas y tantos otros notables.

Benítez le ofreció un puesto en la Universidad de Puerto Rico a mi esposo, y al mudarnos a esa isla ya comenzaron los problemas. Pues nosotros no teníamos permisos de nada, estábamos en un limbo y sin documentos apropiados. El aparecía como profesor invitado, arreglado todo por un patrocinio de la Fundación Ford.

Pero al fracasar la invasión de Bahía de Cochinos en abril de 1961, también organizada por la CIA, todo cambió. De repente había que obtener un trabajo ya pagado por la Universidad, había que salir a Canadá o a México para conseguir las residencias, en fin, se presentaron una serie de problemas, hasta que él se enfermó y tuve que traerlo al hospital de Jackson Memorial en Miami. Recuerdo que tuvimos que pagar una fortuna, un dinero que tuvimos por mediación de nuestro amigo en Pompano Beach, que había sido cliente de su bufete en La Habana.

Finalmente, se establecieron parámetros, primeramente fue un “parole”, estancia y refugio bajo palabra, para aceptar a los refugiados cubanos, y luego pude obtener un número de seguro social en Puerto Rico para trabajar, y es el que aún poseo. Hasta ese entonces no fui documentada. Sin embargo no fue hasta 1966 que se formalizó el ajuste legal para todos los refugiados cubanos, cuando el Congreso de Estados Unidos estableció la Ley de Ajuste Cubano, en noviembre de ese año, precisamente por “los vuelos de la libertad”, que no significaba que se entrara en este país con visa, ni aún hoy, de residente legal permanente.

Cuando la Ley de Ajuste Cubano cese, los cubanos recién llegados serán tan ilegales como los mexicanos y centroamericanos que pasan por la frontera a nado o colándose por las rendijas de la porosa frontera.

Por eso hay un desafuero ahora entre los que quieren salir de la isla de Cuba, para aprovechar las ventajas políticas y cívicas que aún posee la inmigración cubana. Y que no se sabe hasta cuándo durará.

Ambos partidos norteamericanos, el Republicano y el Demócrata, han ayudado a los exiliados cubanos. Ha habido una compasión para con todos nosotros, porque sabían que el cubano salió en un principio por razones de refugio político en medio de la Guerra Fría. Aunque ahora sea por razones de refugio económico, lo que nos acerca más como pueblo a los hermanos mexicanos y centroamericanos.

La compasión y la cordura son necesarias, porque aunque no se den cuenta mis compatriotas cubanos, nosotros caminamos y entramos en Estados Unidos con los mismos zapatos de cualquier indocumentado, solo que en un principio no era por pobreza económica, sino por pobreza cívica, pero hoy, ya son causas similares para todos: la pobreza del hambre.

Esta historia fue publicada originalmente el 10 de septiembre de 2016, 10:34 a. m. with the headline "La Ley de Ajuste Cubano y el desafuero por emigrar de la isla."

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