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Los hispanos en América, la herencia va más allá del idioma

Un residente de Segundo Barrio de El Paso, Texas, pasa frente a un mural que refleja un tema chicano.
Un residente de Segundo Barrio de El Paso, Texas, pasa frente a un mural que refleja un tema chicano. AP

Esto me pregunto: ¿quiénes somos los hispanos en América? En los debates presidenciales de Estados Unidos se nos discute como tema principal, y ha salido a relucir de nuevo en el último, especialmente sobre las fronteras y la inmigración.

El mes de la Herencia Hispana en este país se originó como una fuente de orgullo, y está basado en el Día del Descubrimiento de América, el 12 de octubre de 1492, por Cristóbal Colón, fecha que recibe el nombre de Día de la Raza en muchos países iberoamericanos, y también antes en España. Pero, ¿qué raza? ¿La española, la indígena, la mestiza, la americana?

Obviamente, se referían a la raza de la conquista, la que expandió el idioma castellano, luego llamado español. Pero el ensayista Ramiro de Maeztu, después de haber sido embajador de España en Argentina, del año 1928 al 29, planteó en un artículo de 1931 lo incorrecto del término, proponiendo a la vez que se sustituyera por Día de la Hispanidad. Hoy se llama Fiesta Nacional de España el 12 de octubre en ese país.

En el subsuelo de la palabra hispanidad e hispano en Estados Unidos, hay sin embargo un racismo considerable contra ciertos grupos de inmigrantes, específicamente, los de otro “color”. Los que en alguna ocasión el entonces vicepresidente George Bush llamó “little brown ones”, en 1988, refiriéndose a sus propios nietos. Porque al sur del Río Grande hay mucho más que herencia hispana.

En Bolivia son oficiales 34 lenguas indígenas, aunque el aymará, el quechua y el guaraní predominan, además del castellano. En Paraguay, el guaraní se considera lengua tan importante o más que el castellano, y en México, 69 lenguas o grupos lingüísticos han sido aceptados como oficiales, siendo el náhuatl la cuarta lengua amerindia en el Continente.

Fue en español, sin embargo, que se escribió la historia del Nuevo Mundo, por los cronistas de Indias, quienes describieron las maravillas tanto como los horrores, y las injusticias tanto como la valentía. Uno de esos cronistas fue Gonzalo Fernández de Oviedo. Y acabo de recibir, de la colección Letras Hispánicas en la Editorial Cátedra, su Sumario de la Historia Natural de las Indias, en magnífica edición de Alfredo Rodríguez López - Vázquez y Arturo Rodríguez López - Abadía.

Este Sumario, que primeramente se publicó en Toledo en 1526, nos descubre, en el lenguaje de un enjundioso historiador y científico renacentista, las características de las verdaderas razas originales de América y su entorno antes de “hispanizarse”. Incluye no solo los aspectos de aquello que tiene nombre en castellano, sino de todo lo nuevo, como la yuca y el casabe, que llama “cazabí”, el pan de los indios, y el boniato, toda la flora y la fauna. El castellano se nutrió con las voces de los indígenas, y los colonizadores se adaptaron a algunas de sus costumbres, en las comidas y los objetos, como los bohíos y bajareques, hechos de guano y de cañas, y las canoas, barcos que construían de los troncos de los árboles, cosas que más tarde aparecieron también de modo más detallado en su Historia general y natural de las Indias –comenzada a publicarse en 1535.

Por la introducción en esta edición del Sumario, sabemos de la vida de Oviedo, que fue un estudioso de la obra del historiador romano Plinio, la Naturalis Historia, una enciclopedia de la ciencia que le sirvió de modelo. A los 20 años Oviedo conoció al artista y científico Leonardo da Vinci, y se relacionó con otros grandes científicos y humanistas de su tiempo en Italia, todo lo cual lo preparó para su gran aventura y el legado escrito, de primer antropólogo, que nos dejó de la prístina vida en el Nuevo Mundo.

En el Sumario, Oviedo comienza con la historia de su navegación, su primer viaje a América en abril de 1514, “al mando de Pedrarias Dávila, y asiste en ese primer año de estancia en las tierras americanas a los desmanes del adelantado”, según los autores de la Introducción. Esto lo referirá más tarde en su Historia general…, en la que en diferentes capítulos describe torturas y descuartizamientos de indios y hasta de cristianos, lo que denunció ante la Corona, como inspector de las fundiciones del oro.

Su viaje lo describe en esta crónica desde que sale de Sevilla, que era donde se había colocado la Casa de la Contratación desde 1503 (antes estaba en Valladolid). Por el río Guadalquivir se iba a San Lúcar de Barrameda, donde embarcaban al Océano, y paraban siempre en las Islas Canarias, donde se abastecían. Les llevaba cinco días, y hasta las islas del Caribe unos 25 días más, describe fielmente Oviedo. Detalla las islas, como La Española (República Dominicana), San Juan (Puerto Rico), Jamaica y Cuba, entre otras, antes de llegar a lo que llama Tierra Firme, que es el Darién. De este modo, nos sitúa geográficamente en el terreno de sus encuentros que describirá en su historia.

Pero no todo era maravilloso. Eduardo Galeano cita a Oviedo en su libro Las venas abiertas de América Latina, en el pasaje en que el historiador se refiere a los suicidios de los aborígenes antillanos, que preferían morir a ser maltratados.

No por eso se eliminó a la población indígena en la Tierra Firme, como llegó a suceder en las islas del Caribe. Quedaron como parte fundamental de nuestra herencia americana. En realidad, somos todos los hispanos en el alma “a little brown”, de color pardo, las familias de los españoles que vinieron a América, como mis padres, y los originales del Continente, incluyendo los que vivían y aún perviven en todos los estados del suroeste de esta gran nación, a quienes nos llaman hispanos.

Esta historia fue publicada originalmente el 22 de octubre de 2016, 3:00 p. m. with the headline "Los hispanos en América, la herencia va más allá del idioma."

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