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‘Downton Abbey’ y la fascinación por los castillos y palacios en Europa


Laura Carmichael interpreta a Lady Edith, quien se enfrenta a convenciones sociales al criar a una hija que tuvo fuera del matrimonio.
Laura Carmichael interpreta a Lady Edith, quien se enfrenta a convenciones sociales al criar a una hija que tuvo fuera del matrimonio. AP

Es fascinante ver cómo las historias de ficción van recorriendo desde el siglo XIX el panorama de la historia y los cambios sociales en los países del Occidente. El domingo concluyó la quinta temporada de una serie que ha tenido éxito mundial, sobre todo, en el Reino Unido y en Estados Unidos, Downton Abbey, como parte de Masterpiece Classic Theater, en el canal de televisión pública PBS, WPBT2 en Miami. En este país, tuvo 13.2 millones de espectadores en 2014, y es el drama de televisión pública con más teleaudiencia de todos los tiempos y uno de los principales en la televisión norteamericana.

Por estas razones promete que se seguirá por lo menos una sexta temporada que ya se está preparando, y por eso no se han resuelto problemas pendientes entre los personajes. Eso es lo que se llama en la jerga de los dramas televisados el cliff hanger, o suspenso, y en estos casos hay varios; uno de ellos es un nuevo enamorado que se le ha presentado a la heroína Lady Mary Crawley (Michelle Crawley), precisamente en el último episodio. Es como si esta joven viuda tuviera un concurso de enamorados. Típico de las telenovelas.

Por cinco temporadas se ha recorrido la vida inglesa de las altas clases sociales y su servidumbre, comenzando con el hundimiento del Titanic, el 15 de abril de 1912, la Primera Guerra Mundial, que comenzó el 28 de julio de 1914, y ahora estamos ya en 1924, en que el Lord Robert Crawley, Earl of Grantham, regente de este palacio en la ficción, Downton Abbey, le dice a su hija Lady Edith que aun en esa fecha de bastantes libertades para las mujeres (o eso cree él) no es conveniente que se sepa que Marigold, a quien ella adora, es su hija bastarda. Otros avances son el invento de la radio, y un primer ministro del partido laborista en el gobierno.

Una teoría que he expuesto antes es que la novela Orgullo y prejuicio (1813), de la novelista Jane Austen, con su estilo de describir la sociedad inglesa de su tiempo se convirtió en la base de todas las del estilo de “novela rosa” posteriores y, sobre todo, de las telenovelas más exitosas de Latinoamérica. Ella divisó la forma de hacer un contraste muy acucioso entre las clases sociales, y del estatus de cada individuo, según su título y posición. Especialmente, definió cómo esto influiría en la selección de la pareja para el matrimonio. Claro que en sus novelas lo iba a resolver de modo ideal y no como sucedía en la realidad.

Estas reglas nos siguen afectando de un modo u otro hasta el día de hoy. El matrimonio ha sido considerado por los sociólogos una forma de interrelacionar familias para llegar al contrato social que conforma la sociedad. Cuando esos matrimonios se establecen entre personas de distinto rango, religión, origen étnico o racial, se rompen las reglas establecidas. Y Downton Abbey ha sido la fórmula de Julian Fellowes, su autor y productor general, para recordarnos de estas distinciones en una era de mansiones y castillos en los predios de la Unión Británica –Inglaterra y Escocia. Parte de las mismas bases que Austen: las mujeres no podían ser herederas, y por lo tanto había que buscar un heredero varón que mantuviera el nombre de la casa en la era eduardiana. No podía haber bodas entre gente de distintas religiones, o razas. Y aquí hay una entre una lady del más rancio trasfondo anglicano, Lady Rose, con el heredero de una familia ucraniana judía, proveniente de Odessa, pero ya multimillonaria en Inglaterra y Escocia.

Al parecer, nos están invitando a una época que no tiene representación en el presente. Pero basta con leer la revista española Hola para darnos cuenta de que los duques y sus herederos, la banca, las grandes fortunas y mansiones siguen siendo el plato fuerte en que se sirve la noticia social que alimenta a las multitudes. Si Downton Abbey nos invita a sentir nostalgia del pasado, de los duques y las reglas estrictas de aquella sociedad, es impresionante que todavía en el siglo XXI esos castillos y palacios de Europa estén ahí actualmente con sus herederos, los verdaderos Earl y condesa de Carnarvon, en Highclere Castle (Downton Abbey), que nos invitan a visitarlos en el verano, pagando por la entrada, claro está. Porque ha habido cambios en el rango económico. • 

olconnor@bellsouth.net

Esta historia fue publicada originalmente el 28 de febrero de 2015, 7:00 a. m. with the headline "‘Downton Abbey’ y la fascinación por los castillos y palacios en Europa."

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