Los prejuicios religiosos de los norteamericanos
Me parece que los periodistas nos enfocamos demasiado en el Presidente en funciones desde el 20 de enero de 2017, y no queremos aceptar que una gran parte de la población norteamericana está abiertamente o de manera secreta de acuerdo con sus ideas. Están encantados los del grupo de ese 40 por ciento que lo aprueban, y que, como dibujó el caricaturista Garrincha, en su viñeta humorística de el Nuevo Herald el miércoles 8 de febrero de 2017, dirían al compás de un son lo que han dicho en Cuba tras el jefe máximo: “Pa’ lo que sea, pa’ lo que sea”.
CNN entrevistó a varias personas, desde Kentucky hasta Arizona, que votaron por el actual presidente, y ellos confesaron estar de acuerdo con sus actos y pronunciamientos. “Somos norteamericanos y no queremos que venga más gente de afuera”, dijeron. Supongamos que esos extranjeros vinieran del norte de Europa, y que hablaran inglés, y tuvieran la misma piel y cabellos que ellos, rubios de ojos azules, y la misma religión, la protestante. Entonces, probablemente no les preocuparían tanto estos inmigrantes que ahora rechazan. No es pues el Presidente solamente, son los norteamericanos de este grupo los responsables de lo que está pasando en este país. Y que no se piensen los cubanos que están exentos de esa discriminación, pero como somos menos, apenas nos notan. Ni caso ha hecho la Administración a las angustias de los cubanos detenidos en toda Centroamérica y en la frontera.
Los mexicanos y centroamericanos que vinieron a trabajar y vivir aquí pasan de los 50 millones, y son en su mayoría una mezcla de etnias europeas y razas aborígenes, por eso los clasifican de “brown” o marrón. Tienen además otra religión, la católica, y hablan otro idioma, el español.
Los musulmanes, que son muy pocos, solamente 3.3 millones, un uno por ciento de la población, están en el mismo sentido diferenciados por tres aspectos: el color de la piel, el idioma y la religión. Luego, los dos grupos que se rechazan hasta ahora para entrar al país son, por el sur, los hispanos, y por el este, los del Oriente Medio y África.
Curiosamente, la Casa Blanca acaba de usar a Israel como ejemplo de fabricación de muros, etc., para justificar el de la frontera sureña; aunque había grandes prejuicios contra los judíos aún en los años 1960, lo que se había expresado años antes en un filme de Hollywood, con Gregory Peck, titulado Gentleman’s Agreement (1947). En los tiempos coloniales había 0.04 por ciento de judíos en Estados Unidos, ahora hay más de cinco millones, alrededor del 6 por ciento, y ya son bastante aceptados, gracias a la gran propaganda de organizaciones judías.
La excusa para deportar a los mexicanos ilegales es mucho mayor; el Presidente los acusó durante su campaña política de criminalidad. Pero antes, cuando les convenía bien a sus empleadores, les daban trabajo, sin averiguar su legalidad ni su probidad. A los musulmanes, desgraciadamente, los identifican con los grupos del terrorismo islámico que vienen amenazando al mundo en los últimos 50 años. Los jueces que se han opuesto a la prohibición impuesta por el ejecutivo, de aceptar inmigrantes de siete países con mayoría islámica, claman por la primera enmienda a la Constitución –del 15 de diciembre de 1791– que protege la libertad religiosa en este país.
Pero aunque hay musulmanes y judíos desde tiempos coloniales aquí, los peregrinos que fundaron este nuevo país, en una tierra que no era la de ellos, buscaban la libertad religiosa por diferencias que tenían con la Iglesia Anglicana en su país de origen, Inglaterra.
Otros grupos de cristianos, cuáqueros entre ellos, siguieron llegando a estas tierras. Ellos estaban dispuestos a regirse por las leyes laicas, no las de sus iglesias. Excepto en algunas cosas. Por ejemplo, cuando hay guerras, los cuáqueros no quieren participar, y esto les ha causado graves problemas a sus jóvenes y a sus familias. Y después de que se ha adoptado Roe vs Wade de 1973, una ley acerca de la potestad de las mujeres sobre sus cuerpos, aunque estén encinta, muchas iglesias evangélicas, la católica, y otras, quieren que se derogue.
Pero en general, no hay peligro de que las leyes norteamericanas se opongan a la libertad religiosa. Sin embargo, cuando algunos grupos protestaron por los símbolos cristianos en público, como los Diez Mandamientos o los Nacimientos, etc., y la oración cristiana en las escuelas, fue por la consabida libertad religiosa.
Se sabe que el hecho de que John F. Kennedy fuera católico causó preocupación pública, los otros cristianos percibían que hubiera influencia del Papa en las decisiones de este país. Después de todo, hay una larga historia sobre ello en Europa, pero es bastante antigua.
Ahora bien, el problema musulmán es muy importante, ya que su religión implica leyes diferentes a las de este país, la Sharia basada en el Corán. Y en principio, el modo en que los musulmanes tratan a las mujeres debiera ser totalmente inaceptable para la vida norteamericana. Se les debiera exigir que se rijan por nuestras leyes.
Al mismo tiempo, esos americanos blancos del centro y norte de esta nación tienen tantos derechos como los del resto del país. Y, si bien es cierto que el color original de la piel, del cabello y de los ojos no se puede cambiar, las creencias tampoco son tan fáciles de mudar, aunque, por lo menos, todos los inmigrantes tienen que acatar las leyes civiles y aprender el inglés. Si esto no fuera así, el país en el que ellos ansiaron vivir cambiaría completamente para siempre y lo convertirían en el mismo marasmo de los sitios de los que huyeron, donde no prevalecen ni un Estado de Derecho, ni una buena economía. Pero si hay algo que es difícil de erradicar, emocional y socialmente, es el prejuicio, no importa qué leyes lo contradigan.
Esta historia fue publicada originalmente el 10 de febrero de 2017, 8:09 p. m. with the headline "Los prejuicios religiosos de los norteamericanos."