Lo que el sexo nos revela o nos esconde
El mundo se revela ante nosotros como un tejido de inmensas variedades. Es el mes de la mujer, pero ¿qué cosa es ser mujer? Aparentemente no es solo un asunto genital, sino cerebral. Ser mujer puede ser la identidad que se tiene en el cerebro acerca de lo que es la feminidad, aunque el cuerpo no vaya asociado con esa conciencia.
Lo que existía, pero no sabíamos, acerca del sexo, ha explotado ante nuestros ojos. Lo más reciente en nuestras experiencias, que nos parece inaudito, pero es real, es la manifestación pública del cambio de sexo en grupos de personas. Y sus exigencias de que se les considere, legal y socialmente. Esto ha vuelto a discutirse en público desde que la nueva administración en la Casa Blanca rechazara la orden que había emitido antes Obama de que se acepte a los jóvenes en los baños públicos de las escuelas según su género adoptado. La Corte Suprema escuchará el 28 de marzo sobre un caso relacionado con esta situación legal.
En otras palabras, ahora, el que nació varón debe ir a un servicio sanitario de varón y viceversa, aunque ya se hayan cambiado las identidades y los cuerpos. Lo que sucede es que el sexo llama a escándalo. Y no se valora la infinita gama de sus expresiones, no solo biológicas, sino sicológicas.
La disforia de género o diferencia entre lo que dice el cerebro y lo que muestra el cuerpo se convirtió en un asunto de cirugía y hormonas desde principios del siglo XX. Hay que preguntarse cuán desconcertante es esto para los individuos que sienten ser de otro sexo diferente al que le muestran sus cuerpos biológicamente, pero podemos imaginar cuán difícil les resultará bregar con ese dilema a sus padres y familiares.
Muchos no se dan cuenta de que no solo padecen estas personas con estos impensables retos, sino también las familias, por el rechazo de la sociedad a sus seres queridos.
Varios casos han asombrado en Estados Unidos, pero los más famosos recientemente fueron los de la hija de Cher y Sonny Bono convertida en hombre, Chaz Bono, y hace dos años, el de Caitlyn, antes Bruce Jenner. En la película The Danish Girl también salió a relucir un caso famoso de un artista danés, Lili Elbe. Interpretado por Eddie Redmayne, este joven fue uno de los primeros en hacerse la cirugía, que lo llevaría a la felicidad y por complicaciones posoperatorias a la muerte. Tenía casi 50 años cuando se operó.
Esta situación es parecida, pero no igual, a lo que sufrían antes los gays y aún en muchos casos siguen sufriendo. Los acusaban los religiosos en las iglesias de estar en pecado, y los psiquiatras de estar enfermos, y por eso ellos y sus familias se sentían culpables de algo, y no sabían de qué. Y ahora ya se pueden hasta asociar matrimonialmente. Pero hubo épocas en que los gays eran sometidos a tratamientos horrendos en los hospitales para cambiarles sus inclinaciones.
Cualquier operación es terrible, pero la de cambiar el aspecto completo del cuerpo y la identidad sexual en un mundo definido por los genitales al nacer debe ser muy traumática, sin embargo, eso es lo que escogen muchos transexuales.
En España entrevisté para la televisión a una mujer transgénero pionera que escribió un libro sobre su problema. Era en la época en que aún no se hacían operaciones en muchos países y viajó a Marruecos, pionero en este tipo de operaciones. Me describió sufrimientos indescriptibles durante el proceso de la cirugía, aunque luego se casó y vivió una vida relativamente normal, pero sin hijos.
Hay que recordar que en fecha no muy lejana no había ninguna facilidad de acceso a los baños para personas minusválidas. Ni se podían usar los “toilets” de blancos para negros. Y todo el mundo aceptó que al fin todo eso fuera resuelto.
En el caso de un transexual hay que aprender a qué se refiere este apelativo. Significa que un muchacho que se ve con cierta anatomía, se siente extraviado con ella, y no se quiere ver asociado con ese discurso, con esa descripción de sí mismo de los que le rodean.
El transexual rechaza los órganos significativos, los que se manifiestan objetivamente como señales de su género. Esto es así porque es la sociedad la que lo señala y lo acostumbra a aceptar un cierto papel. Los padres, por ejemplo, los hermanos, los amigos, los compañeros. Incluso en ecografías sabemos si es varón o hembra antes de nacer, debido al apéndice anatómico. Y eso le afirmamos al niño desde que nace.
Pero el sexo es un misterio. Tenemos mucho aún que aprender acerca del cerebro humano y qué lo estimula, para que en algunos casos nos diga algo distinto acerca de nuestra identidad que difiera del cuerpo con el que nacimos.
El sexo lo hemos convertido en un tema de escándalo, lo hemos hecho el centro de nuestras vidas, quizás por la relación que tiene con la procreación. Queremos hijos varones, muy machos, y que las hembras sean frágiles y delicadas, etc. Buscamos la identificación diferencial, no queremos que se nos rompan las estructuras mentales de la socialización. Pero esto puede crear dolores punzantes en los individuos y la sociedad.
Hay que aliviarles la carga a los que son diferentes. Y buscar como virtud civil principal la tolerancia hacia la diversidad que propone la naturaleza. Quizás así se podrán adoptar leyes más justas y por igual para el bien de todos.
olconnor@bellsouth.net
Esta historia fue publicada originalmente el 11 de marzo de 2017, 3:47 p. m. with the headline "Lo que el sexo nos revela o nos esconde."