Elián, el niño perdido
La película documental Elián, que se mostró en CNN me ha dañado el alma. Ahora ya está a la vista de todo el país. La puesta en escena del “niño” Elián González, devenido en hombre joven “reprogramado” o adoctrinado en la Cuba castrista, después de que los cubanoamericanos se lanzaron a salvarlo, y acabaron usando su imagen para beneficios políticos.
Mi familia norteamericana y todos los extranjeros que conozco siempre votaron a favor de que se reuniera con el padre. Y lo volvieron a decir ahora que vieron el documental. Y esto me ha vuelto a causar debates. Aunque debo reconocer que ahí se muestra lo peor de nuestra comunidad en Miami, la exaltación y histerismo.
Vergüenza debió de darles entonces, a los políticos cubanoamericanos, de haber usado a un infante para publicitarlo, incluyendo a la Fundación Cubano Americana, y también a toda la prensa, que se explotó ante el escándalo callejero en La Pequeña Habana como verdaderos paparazzi amarillistas. En el documental se parecían a los que consiguieron llevar a la muerte a Lady Diana. Pero parte de aquel teatro tuvo que tener muchos agentes clandestinos castristas encendiendo la llama. Porque esa es una de sus especialidades.
Lo que debió hacer la fiscal Janet Reno, en aquel entonces, en vez de la redada amenazante ante el pobre niño, que ordenó al final, hubiera sido protegerlo, prohibiendo desde el principio que acosaran su casa y su persona, crearle un aislamiento total contra toda aquella maraña.
Porque esto ya se sabía la iba a ganar un gobierno como el cubano, que gasta más en propaganda y en agentes encubiertos que en alimentar a su pueblo. Y además, que los Castro tenían el poder de chantajear a Bill Clinton con la amenaza de más y más balseros desde las costas de Cuba.
No se portó esta comunidad mejor que la castrista en Cuba. Todos los manifestantes histéricos en la calle quedaron en la punta de la picota, por lo menos en los videos que se mostraban en este país y en el extranjero. Y eso es lo único que muestra el documental de CNN, porque así pensaban los norteamericanos del Norte que me acosaban, cada vez que daba conferencias en sus universidades y compartía con ellos en sus casas.
Yo les advertía que iba a pasar lo que se ve en el documental ahora, que el pobre Elián adulto llega a declarar grotescamente que no tiene religión, pero que si la tuviera, su Dios sería Fidel Castro.
Sí, es cierto. Esto es un problema de ideología en que una comunidad piensa y cree que un niño puede estar mejor donde su madre lo dirigía, y no con el padre en una sociedad reprimida. ¿No fue eso precisamente lo que dio lugar a la emigración de niños Pedro Pan? Los padres cubanos preferían separarse de sus hijos para que no fueran adoctrinados en el comunismo, para que no les quitaran la patria potestad. Y los norteamericanos y la Iglesia Católica lo promovieron.
La hermana Jeanne O’Laughlin, presidenta emérita de Barry University por más de 23 años, una norteamericana que tuvo a las dos abuelas de Elián viviendo en su casa, y pudo aquilatar mejor la situación de lo que ocurría, decidió oponerse a la devolución a Cuba de Elián. En entrevista del año 2015, O’Laughlin me declaró: “Yo me quedé huérfana a los seis años igual que él, y estaba luchando porque las cortes se hicieran cargo, lo hice por la memoria de la madre, para que se honraran los deseos de la madre que trajo el niño a la libertad; ella no debería haber sido despreciada, y él debería haber tenido los derechos que la madre quiso para él, arriesgándose para traerlo”.
Los extranjeros que usan la prioridad de la relación de un padre con su hijo, no se han dado cuenta de que Fidel Castro jamás respetó la idea de que las familias estuvieran unidas. No le importó para nada que Celia Cruz no pudiera ver a su madre, ni ningún otro cubano que lo solicitó cuando no estaban abiertas las puertas como ahora. Y tampoco recordaron que ha habido muchas filas de niños sin padres enviados a otros países para preservar la libertad de su pensamiento, no solamente los niños Pedro Pan cubanos.
Miles de niños españoles llamados los “Niños de Rusia”, menores de edad fueron enviados al exilio durante la Guerra Civil Española, desde la zona de la República a la Unión Soviética entre los años 1937 y 38, para evitarles los rigores de la guerra y que no se quedaran en la zona de la ideología opuesta. Porque la ideología puede ser más importante que el estar junto a un padre. ¿Por qué?
Precisamente porque al padre se le considera cautivo. Usted no mandaría a un niño a vivir a la prisión con sus progenitores, ¿verdad? Ahí ven los resultados.
Los resultados, sí, que se comparan a las horribles tiranías del siglo XX. Lenin, Marx, Stalin, Hitler, Fidel. Los endiosaron en una forma sustituta de las religiones, al estilo del Imperio Romano, donde el emperador era dios, y del que le siguió con la figura del Papa, como eje dominante en la Edad Media, más político que religioso.
¡Qué poco hemos avanzado! Y Elián no tiene la culpa. La tenemos todos nosotros. Que nos hemos dejado llevar de las emociones y no calculamos de cómo debemos presentar nuestra ideología, nuestra verdad al mundo. Tan es así que defendemos un embargo casi inexistente, que ayuda al gobierno castrista con los otros países, porque les da una excusa, y no lo diezma en lo absoluto. No hay embargo posible cuando les enviamos comida, medicina y dinero en remesas a Cuba. Y de contra, les dejamos sustraernos al querido niño: Elián.
Esta historia fue publicada originalmente el 7 de septiembre de 2017, 4:38 p. m. with the headline "Elián, el niño perdido."