Trump no ha aprendido que para Puerto Rico también tiene que ser un ‘pastor’
Quiero expresar mi tristeza, amor y pasión por Puerto Rico. Allí perdí y está enterrado mi primer esposo y padre de mi hija, que era profesor de la Universidad de Puerto Rico. Allí encontré de nuevo el amor en la Escuela Robinson, en Condado, donde era maestra. Allí estudié en la Universidad de Puerto Rico, en el recinto de Río Piedras. Allí di clases en la Escuela Presbiteriana de Hato Rey. Allí encontré a tantas amigas puertorriqueñas, tanto estudiantes como vecinas y colegas.
Y allí supe admirar la cultura que se desprendía de la Universidad donde el rector Jaime Benítez, partidario del gobernador Luis Muñoz Marín, líder del Estado Libre Asociado, invitaba a todas las grandes lumbreras de España y otros países de habla hispana a servir en sus predios.
Así, fui alumna de Federico de Onís, autor de una de las mejores ediciones de “Don Quijote”; compañera de la secretaria de la Biblioteca Zenobia y Juan Ramón Jiménez, quien había sido “poeta en residencia” de la UPR, y escuché en su sala de conciertos al maestro Pablo Casals, todos exiliados en la Isla del Encanto.
En esa misma universidad la profesora cubana Himilce Esteve se dedicó no solo a dar clases de Humanidades, sino a recopilar en un libro la cultura y el impacto social que trajeron los cubanos exiliados y que allí formaron sus familias, incluso la mía. Allí, llegaron, a Ponce, las monjas del Apostolado, una orden cubana, que necesita ahora nuestra ayuda (enviar donaciones a AAAA P.O. Box 261406, Miami, Fl., 33126).
Además, son todas las otras realizaciones culturales de una isla que tiene una belleza tropical inigualable, una ciudad colonial irrepetible, un sabor hospitalario como ninguno. Se han realizado grandes obras de teatro, mantenido compañías de ballet, creado preciosas obras de literatura, arte y arquitectura. Es nuestro deber encontrar recursos, donar y orar por sus residentes.
Es increíble que nuestro presidente hablara en su visita del martes de la deuda de 74 mil millones de dólares de Puerto Rico, como si Estados Unidos no tuviera una deuda impensable para una nación tan rica, 20 billones de dólares, como si Trump no hubiera entrado en bancarrotas con los casinos de Atlantic City, quedando en deudas, y hasta en el propio Puerto Rico, donde el gobierno de la isla perdió $33 millones por un campo de golf en el que su compañía se comprometió. ¿Que ahora les critique que pidan dinero y ayuda porque están endeudados, y solo tienen 16 muertos (34 en realidad hasta el momento en que escribo), en comparación con Nueva Orleans, que tuvo cientos de fallecidos durante el huracán Katrina? Pero aun hay más, como si no hubiera una desgracia humanitaria general, se puso a “jugar”, tirando rollos de papel absorbente al público en el salón donde se encontraba. ¿Hasta cuando se burlará de los demás este hombre que solo quiere que lo adulen?
Muy bien por la alcaldesa de San Juan, Carmen Yulin Cruz Soto, pidiendo agua y ayuda. Más de la mitad de tres y medio millones de residentes en la destruida isla no tiene agua potable. La comida está racionada en los mercados. La Comisión Federal de Comunicaciones informa que el 90 por ciento de los celulares no funciona, y no hay electricidad, ni gas, por lo tanto no hay oxígeno, ni aire acondicionado, ni servicios de emergencia en una gran cantidad de hospitales.
Luis Martínez, el congresista demócrata de Illinois, que ha llorado prácticamente el martes por la cadena CNN, acusando a Trump de minimizar la tragedia, pide que traten de sacar a todos los enfermos de la isla a través de barcos y aviones, porque no hay suficientes medios de transporte y han subido los billetes aéreos a miles de dólares.
Felicitemos a Royal Caribbean, que envió de modo humanitario su gran barco Adventure of the Seas a buscar a 3,800 personas y sus mascotas en Puerto Rico, St. Croix y St. Thomas, y llegó el martes a Fort Lauderdale.
Sé, porque viví en el nordeste de este país, que los puertorriqueños no son vistos como verdaderos ciudadanos norteamericanos. El pecado capital es el racismo y el prejuicio. El presidente Trump ha demostrado que no tiene ninguna compasión por las diferentes etnias y razas latinas. Como ha dicho el analista político George Will, Trump no ha aprendido que un presidente tiene que ser también como un pastor, que cuida de todos los americanos. Seamos responsables y ayudemos a nuestros compatriotas, también hispanos, los puertorriqueños.
Para donaciones directamente a Puerto Rico: http://unidosporpuertorico.com/en/
olconnor@bellsouth.net
Esta historia fue publicada originalmente el 5 de octubre de 2017, 8:42 p. m. with the headline "Trump no ha aprendido que para Puerto Rico también tiene que ser un ‘pastor’."