Chile, país de auge económico, político y poético
Ante la muerte del autor de los “Antipoemas”, el chileno Nicanor Parra, de 103 años, ocurrida el día 23 de enero de 2018, he meditado sobre su vida y su entorno poético y político, que ha sido una enseñanza para mí y para todos los latinoamericanos.
Chile es un país que hoy por hoy es en Latinoamérica el más avanzado, desde el punto de vista económico, y que ha sido también el más avanzado en poesía para todo un siglo XX y XXI, por la abundancia de su creatividad poética, y también diplomática, en la que empleó a casi todos sus poetas y escritores.
Solo con saber que ahora han convertido a un escritor en canciller, Roberto Ampuero, conocedor de la realidad de Cuba, y de América, es como para quitarse el sombrero. Ya que sabemos su historial de desengaños en relación con la realidad dictatorial en Cuba y del sistema marxista en general.
Como cubana exiliada confieso una cierta envidia de los chilenos. Según el World Bank, Chile ha sido una de las economías de mayor y más rápido crecimiento en las décadas recientes, lo que ha permitido que reduzca su pobreza, del 26 por ciento al 7.9 por ciento en el siglo XXI. Con un alto nivel de comercio exterior, y fuertes instituciones de sana política, tiene una alta puntuación general para todas las Américas. Las más recientes elecciones son ejemplo de ello, con el triunfo del conservador Sebastián Piñera.
También hay que admirar el cuidado de su idioma español castizo, con un acento delicioso, que invita a poetizar, y que inspiró a que enviaran a sus poetas al exterior a educar a otros pueblos. Como Gabriela Mistral, primer Premio Nobel de América, que visitó Cuba en 1953, y habló en el salón del Congreso en el Capitolio de La Habana, precisamente para recordar el aniversario del nacimiento de José Martí. Mistral fue embajadora de educación en México en 1922, invitada por José Vasconcelos, e inspiradora de todas las mujeres aspirantes a escritoras.
Al leer a Pablo Neruda aprendí la riqueza del idioma, que lo coleccionaba en vocablos, como hacía con sus trastos y objetos preciosos en su casa de Isla Negra, y lo rimaba desde adentro, con la forma musical chilena. Era un comunista más bien burgués, de salón, un idealista, criticado por los verdaderos políticos, y también escritores, como lo fue Fernando Alegría, agregado cultural en Washington por Salvador Allende. Fue también embajador, pero antes cónsul en Rangoon en 1927, lo que alentó su “Residencia en la tierra”.
Y conocí muy de cerca a Gonzalo Rojas, el poeta del relámpago, que fue embajador en Cuba y luego se destacó, cuando se exilió en Estados Unidos, y llegó a conquistar el Premio Cervantes en 2003, desde este Chile posmoderno.
Pero no puedo olvidar el impacto que me causó el gran Nicanor Parra. Fue en 1973, precisamente un poco antes de la caída de Salvador Allende y la muerte de Neruda. Nos encontramos en la Universidad de Temple en Filadelfia.
En esos días Parra se había convertido en persona non grata para el régimen de La Habana, porque había aceptado una invitación de la Casa Blanca para tomar el té con la señora del Presidente, Pat Nixon. Tampoco cooperaba con Allende. Tras bambalinas, Alegría lo criticaba por su última obra, y decía que había sido mal recibida en su país, era una caja de tarjetas llamadas “Artefactos”, llenas de dibujos caricaturescos con sentencias irónicas o críticas, pero siempre antipoéticas, muy a propósito. Eran sentencias coloquiales, descargas graficas contra todos los sistemas y gobiernos, el norteamericano, el cubano, el chileno, el marxista y hasta el religioso. “Perdón sí / paredón no”, se leía en uno, con el dibujo de un hombre ante el paredón con los ojos vendados, refiriéndose, por supuesto, a los de Cuba, que le habían dolido mucho.
Parra me comentó que él era un ser libre y en Cuba había “un comisario de las letras”. A la sazón, el que dirigía la cultura era Roberto Fernández Retamar. Y como Parra había sido invitado en la isla pensaron que se podían posesionar de él y de sus opiniones.
Al poetizar, Parra le devolvió la anécdota al poemario la realidad de todos los días, aquello que se le había extraído en la tendencia de la poesía pura que propiciaron poetas como Juan Ramón Jiménez, y luego los de la Generación del 27, en España, y Vicente Huidobro, en Chile.
Sin duda Parra fue nuestro juglar, el Arcipreste de Hita de América. Y como todos los poetas de su tierra, nos dio lenguaje, pero también chanza, para fundirnos en un solo patrimonio, el americano. Adiós, querido y admirado Nicanor Parra. Albricias por tus logros y tus hijos, Chile.
Esta historia fue publicada originalmente el 31 de enero de 2018, 3:29 p. m. with the headline "Chile, país de auge económico, político y poético."