Vicente Echerri nos descubre su arte de novelar en ‘El caballo de ébano’
Con una pluma -u ordenador- certera lo que hace Vicente Echerri en su primera novela El caballo de ébano (2020, Ediciones Espuela de Plata, Editorial Renacimiento, Sevilla) es describirnos las entrañas mismas de su personaje central Gonzalo Montero, y de la serie de personajes que van incidiendo en su vida, todos disímiles.
Es la narrativa del rito de pasaje -o Bildungsroman, y en inglés coming of age novel- de un hombre esencialmente homosexual, que en un principio sufre una violación, pero también descubre con otro ser, y a tiempo, la sublimidad del cariño, sintiendo la naturalidad de la pasión, el abandono, las variaciones del sentimiento, que no desdicen de la verdad del amor entre dos seres, no importa cual sea su sexo.
La narración no se detiene en lo sublime, aunque no es procaz, pero sí habla de cosas desvergonzadas de modo penetrante y también se desata en orgías, para volver al cariño, y luego entrar en la etapa de las drogas. Es decir, es una especie de prontuario de las relaciones humanas, incluyendo el matrimonio, y la paternidad, aunque los hijos no entran tanto en el juego del relato, son más bien un añadido.
El personaje de Gonzalo, que el narrador ha puesto en esta situación, es además un caso extremo de vocación inadvertida. Nunca sabe qué es lo que quiere hacer, con tal de que sea regio. Vive constantemente soñando despierto. Quiere ser un gran general, o un alto prelado, recordando Rojo y Negro, de Stendhal (que se menciona en el texto), quiere ser el mejor trompetista que pueda tocar a Purcell con la más importante orquesta sinfónica de Europa. Quiere recibir el Premio Nobel por haber escrito excelentes novelas.
Pero se va tropezando con la realidad en cada camino que sigue para tratar de cumplir esos anhelos. La falta de persistencia y verdadera aplicación en todos sus actos para conseguir sus objetivos empieza a ser cuestionada por los que son sus mentores, hasta que él mismo va creciendo en su propia inconformidad.
De Costa Rica a Nueva York, se convierte en un inmigrante que escapa de su ambiente pueblerino para entrar en el mundo de los rascacielos, sin saber a qué destino llegará.
Pero no es solo eso, sino que una relación sexual no aceptada por la sociedad hasta ahora, considerada pecaminosa y totalmente criticada, le añade un aspecto de misterio y de rechazo a las normas, una sensación de peligro, una excitación extra a sus relaciones, y convierte su vida en una serie de alucinantes episodios.
Esas incisivas descripciones hacen de este libro una verdadera delicia, siguiendo una norma que hace de Echerri un novelista a la altura de los mejores del realismo de Latinoamérica, un verdadero as del relato, aunque esta sea su primera novela y la haya guardado por más de 16 años. En cincelada prosa, parece que uno camina al lado de sus personajes, con diálogos en los que uno siente estar oyendo el sonido de la voz de quien nos hace el cuento y nos lleva a esa época, a ese escenario, a ese sentimiento total de los que lo están viviendo.
Las mil y una noches, que considero un libro de los libros, sirve de inspiración para esta sucesión de aventuras que le ocurren a Gonzalo, en parte por sus encuentros íntimos, y que lo llevan a seguir la ilusión de los otros, de los que él admira, y no a descubrir cuál es su propia ilusión. Montado en un caballo mágico –supuestamente como el de ébano de ese fantástico libro de donde sale el título de la historia- puede llegar a alturas insospechadas y caer en las más horribles honduras. Y de tumbo en tumbo lo encontramos al final en una biblioteca o librería que se parece a la del cuento de Jorge Luis Borges, infinita, y que es en el fondo lo que lo ha inclinado a vivir en la pura imaginación.
Esta historia fue publicada originalmente el 27 de febrero de 2020, 10:41 a. m. with the headline "Vicente Echerri nos descubre su arte de novelar en ‘El caballo de ébano’."