Exiliados o inmigrantes, ¿somos todos iguales para Estados Unidos? | Opinión
La principal diferencia en el proceso migratorio de los cubanos con el del resto de los latinoamericanos después de 1959 ha sido la de describirse como exiliados, no como inmigrantes. A pesar de que muchos de los exiliados se quedaron en Estados Unidos con parole (libertad bajo palabra) y no como documentados normales.
Es un fenómeno que debe explicarse, porque la gran invasión migratoria de la frontera sur de Estados Unidos no se percibe como una necesidad parecida a la del exiliado, sino la menos supuestamente valiosa razón de emigrar ilegalmente por causas económicas: la pobreza.
De ahí la reticencia, más bien el prejuicio, que se sostiene ayudado por las sugerencias de líderes conservadores contra las personas que quieren entrar a este país sin documentos. Pero eso es lo que han hecho muchos cubanos, dando causas políticas. O si vienen con visa, se quedan aquí cuando esta expira. Porque hay el privilegio de la Ley de Ajuste Cubano para los cubanos ilegales de quedarse permanentemente después de un año y un día.
En un final, la mayoría de los cubanos exiliados han vuelto a visitar su tierra, algunos van todos los años, y bastantes se están repatriando para poder tener casas allá y acá. Ya no se pueden llamar exiliados cubanos, porque también envían remesas cuantiosas a su país.
El Departamento de Estado calcula que se envían de $1,400 millones a $2,000 millones al año a la isla, aunque otros medios calculan una cifra más cerca de los $3,000 millones o $4,000 millones. Eso no compagina con el ideal del embargo. Cuba tiene una población de 11,333,483 personas. Comparado con México: en 2020, las remesas alcanzaron $40,600 millones, informó el Chicago Tribune, a pesar de la pandemia. México tiene 126 millones de habitantes. En 2018 Centroamérica recibió más de $22,000 millones por remesas. Tiene un aproximado de 48 millones de habitantes. Demuestra que todos esos inmigrantes son trabajadores.
En la frontera sur se creó una situación especial a principios del siglo XX en que se permitía a todos los mexicanos entrar como trabajadores o braceros, hasta 1929 más o menos cuando comenzó la Gran Depresión económica. En 1942 se volvió a abrir la frontera cuando se necesitaron obreros de todo tipo por la Segunda Guerra Mundial. Al pasar el tiempo muchos mexicanos se quedaron, y luego en 1982 los legalizaron. Hoy día, los mexicanos regresan a su país en mayor número que los que entran. Han sido sustituidos por salvadoreños, guatemaltecos y hondureños.
Frente a este fenómeno ha habido una renuencia por los gobiernos norteamericanos a crear un equipo administrativo de la situación, que no sea de rechazo y encarcelamiento, especialmente por la Policía de Inmigración (ICE). En vez de crear una organización que considere las cantidades que piden asilo y que se dedique a entrevistar a esas personas en las embajadas, para que la entrada sea organizada, sin permitir que sean los coyotes los que tramiten criminalmente el éxodo.
Los norteamericanos no conocen lo que es emigrar fuera. Todos son inmigrantes o descendientes de inmigrantes. Esa es una de las razones por la que el programa Finding Your Roots (Buscando tus raíces) With Henry Louis Gates, Jr. en PBS, tiene tantos televidentes. Porque todos en Norteamérica saben que aquí los únicos nativos son los aborígenes que llamamos indios, como las tribus apache, shoshoni, tequesta, miccosukee, etc.; en total 574 tribus reconocidas federalmente, que fueron empujados hacia los peores territorios, para que los europeos ocuparan los mejores suelos.
De igual manera usurparon los anglos todos los territorios “TexMex”, desde Texas a California, pasando por Arizona, Colorado, Nuevo México… Lo que nos lleva a la pregunta: ¿Y si los mexicanos reclamaran sus antiguos territorios como lo hicieron los israelíes con el territorio palestino?
Los centroamericanos siguen cruzando hacia el norte a cómo les valga, como los cubanos hicieron en las balsas. Son víctimas de la corrupción en la política, el narcotráfico, los secuestros de sus hijos, la miseria general.
Hace falta que el Congreso resuelva el problema migratorio con leyes que sean a la vez regulatorias y compasivas. Es obvio que la organización de ICE se enfoca en la criminalidad, no en el concepto de asilo. Y hay que tomar en cuenta la historia migratoria de esta nación, que no siempre ha sido justa, pero se puede resolver con nuevas leyes. Votemos por una campaña que dé soluciones equitativas y que deje de llamar crisis a un fenómeno permanente de la cultura de Estados Unidos.
Olga Connor es una escritora cubana. Correo:
olconnor@bellsouth.net.
Esta historia fue publicada originalmente el 16 de abril de 2021, 6:00 a. m. with the headline "Exiliados o inmigrantes, ¿somos todos iguales para Estados Unidos? | Opinión."