Lo hispano es un idioma unificador, no es una raza, ni una etnia | Opinión
Hay un barullo tremendo en México alrededor de la estatua de Cristóbal Colón, que será sustituida en el Paseo de la Reforma por la cabeza simbólica de una indígena anónima, denominada “Tlali” por su creador, el escultor Pedro Reyes. Este proyecto tiene el respaldo del presidente Andrés Manuel López Obrador.
Y es que muchos no nos damos cuenta de la historia política del indigenismo, con Víctor Raúl Haya de la Torre y el APRA, fundado en 1924, en México, y luego, en 1930, en Perú; con la revuelta mexicana en Chiapas, en 1994; y con Evo Morales en Bolivia, elegido en 2006 como el primer presidente indígena en Latinoamérica, un aimará. Todos han sido izquierdistas.
Allá por el año 1984 visité Bolivia, y cuando llegué a Sucre me quedé extasiada con el paisaje, y asombrada de que los conquistadores españoles hubieran subido allí con sus caballos.
Observé las montañas desde La Recoleta, un monasterio imponente que representa allí toda la hispanidad, la lengua y la religión católica de los colonizadores. Caminamos después hasta la plaza frente a la catedral, y allí en el parque me encontré a un vendedor aimara que ofrecía unas bellas tiaras indígenas hechas a mano. Regateamos tanto en la compra, que pronto se llenó la plaza de público para ver la competencia. Hasta ese entonces no había experimentado cuán importante era la presencia indígena en los países americanos.
Es que antes solo había conocido a un boliviano cultísimo, secretario de la Unesco en La Habana en los años 50, el filósofo Guillermo Francovich, especialista en el pensamiento europeo. Nunca se me ocurrió preguntarle si hablaba quechua, otro de los idiomas de Bolivia. Pero ahora se han aceptado 37 lenguas oficiales, después de la presidencia de Morales. Y en México, 68 idiomas indígenas son nacionales, además del español.
Yo tenía la experiencia de la religión y la lengua yoruba en Cuba, todo lo indígena me era ajeno. Pero mi comprensión final de la presencia de las lenguas indígenas, a la par de la presencia étnica, estuvo en la lectura del libro de Humberto López Morales, La aventura del español en América, y el poder entrevistarlo sobre este libro germinal. Al terminar el Imperio Español, me dijo, a principios del siglo XIX, una de cada tres personas hablaba español. De nueve millones de habitantes, solamente tres millones eran hispanohablantes. “Fue un fracaso total de una política lingüística”, explicó López Morales. “En parte, porque la religión fue la prioridad, y los curas aprendieron las lenguas indígenas. Son las repúblicas las que se encargaron de castellanizar, sobre todo en el siglo XX”.
Hispano, latino, “latinx” no son razas ni nacionalidades, se refieren a la lengua del conquistador, como pasa siempre, en este caso las lenguas romances o latinas, el castellano, el portugués y el francés. Incluso en mi caso, en mis primeros años, oía el gallego —muy parecido al portugués— en mi casa. Pero al notar mis padres que lo aprendía a hablar, cambiaron al castellano, porque consideraban el gallego un dialecto.
El castellano fue aprendido por millares de inmigrantes vascos, catalanes, valencianos y gallegos cuando venían en el bote a las Américas, nos explicó en la Universidad de Puerto Rico nuestro gran profesor Federico de Onís. Tuve estudiantes polacos, italianos, alemanes, en Filadelfia, que no aprendieron la lengua de sus padres, solo les enseñaron el inglés. Habían hecho lo mismo que los míos.
Luego, nuestra identidad no es indígena, como pretende el presidente López Obrador, un típico populista. Es la lengua que hablamos. Como decía una muchacha miembro del grupo DACA por televisión: “Yo ni siquiera puedo hablar español”. Entonces, ¿cómo la quieren enviar a México? Ella es de aquí.
Sin embargo, las cadenas en español tienen una gran audiencia a pesar de la asimilación. Y son ellas las que apoyaron la idea de llamarnos hispanos, porque si se analiza bien así se define su clientela: por el idioma.
Nos gusta ver las telenovelas y las noticias por las cadenas de televisión y leerlas en los diarios en español, aunque sepamos inglés, por eso estos medios se desarrollaron al crecer la inmigración de habla hispana hasta un 18% de la población norteamericana, con más de 60 millones actualmente.
Cristóbal Colón no quiso ni descubrir ni conquistar un continente que no se conocía. No era de Hispania, sino genovés, y hablaba el ligur y una lengua franca mezcla del romance de aquella época, incluyendo el portugués. Tuvo que aprender el castellano. Y le creó un imperio a España sin habérselo propuesto. Tumbar su estatua es absurdo, ya que él descubrió un globo desconocido.
Un tributo a los originales residentes también tiene lugar en el Paseo, porque eso es México, y muchos otros países nuestros, una mezcla de tradiciones y culturas.
Es como lo interpretó el gran poeta Premio Nobel mexicano Octavio Paz, al describir en El laberinto de la soledad (1950) la refundición de raíces aborígenes con las europeas que persisten en la sociedad mexicana contemporánea.
Olga Connor es una escritora cubana. Correo: olconnor@bellsouth.net.
Esta historia fue publicada originalmente el 1 de octubre de 2021, 7:10 a. m. with the headline "Lo hispano es un idioma unificador, no es una raza, ni una etnia | Opinión."