Daína Chaviano cuenta su visión de la fantasía
Con el título Los juegos peligrosos de la fantasía, la narradora Daína Chaviano nos fue llevando de la mano desde su más tierna infancia hasta sus últimos triunfos en Cuba para definir por qué se dedicó a escribir siguiendo el género de la ciencia ficción. Fue en una conferencia del Cuban Research Institute de la Universidad Internacional de la Florida frente a un grupo de estudiantes, profesores, amigos y aficionados a sus cuentos y novelas.
Allí explicó que sus mundos interiores se desbordarían si no pudiera escribir lo que se va acumulando en su interior. Pero también fue analizándose frente al público: “Lo cierto es que las razones por las que escribo han ido variando a lo largo del tiempo. O para ser más precisa, se han ido acumulando”, dijo. “No es que mi motivo original para escribir haya desaparecido, sino que otros nuevos se han sumado al primero. Y esto se debe, en gran parte, a que mi herramienta principal de creación pasa por el universo de lo fantástico”.
En un medio social como Cuba, vivir rodeada de fantasía no era legítimo. Sin embargo, ella no cejó en su empeño. “Siempre fui un espíritu libre”, dijo. Escribió desde los 9 años de edad, después de leer a Julio Verne, los Hermanos Grimm y Charles Perrault, entre otros clásicos. Pero también fabulaba oralmente antes de escribir.
“La fantasía siempre fue mi refugio en medio de un mundo muy diferente al que existía en mi hogar”, explicó. Y eso fue creando una posibilidad para la creación, ya que desde 1961 el gobierno cubano comenzó una censura sistemática del proceso intelectual cubano.
Pero a pesar de ello se publicó ciencia ficción en Cuba, comentó, como La ciudad muerta de Korad, de Oscar Hurtado, El libro fantástico de Oaj, de Miguel Collazo y ¿Adónde van los cefalomos?, de Angel Arango, entre otros, “lo que nos adentró en un mundo bastante desconocido”.
En 1968 se inició la campaña para crear “el hombre nuevo”, inspirándose en “las disparatadas teorías del recién fallecido ex guerrillero Ernesto Guevara”, analizó Chaviano. Lo que siguió fue el llamado “realismo socialista”. Desapareció la literatura de ciencia ficción y fantástica, y muchas otras que no seguían los principios del realismo.
Finalmente, una obra soviética contribuyó a una apertura hacia la ciencia ficción, la traducción al español de La nebulosa de Andrómeda, de Iván Yefrémov, escrita en 1957.
La Unión de Escritores de Cuba (UNEAC) decidió convocar al primer concurso literario de ciencia ficción. Chaviano reunió sus relatos y los envió con el título Los mundos que amo. “Aunque los cuentos respetaban las reglas del género, también incluían ciertas ideas subversivas, como la teoría de los ‘paleo-contactos’, un concepto que alteraba completamente la enseñanza marxista de la historia”, subrayó Chaviano, pero lo hizo por idealismo, no por política.
Sin embargo, los actos de repudio en 1980 contra los cubanos que se fueron por el Mariel, la despertaron a la realidad. “Amoroso planeta fue mi bofetada a la estandarización, que seguía bajo la égida del ‘quinquenio gris’ de la cultura”, dijo.
Los géneros fantásticos servían con sus elementos simbólicos para propagar ideas. Y Chaviano tomó conciencia de ello. En Ciudad de oscuro rostro el vampiro tradicional era un ser de otra dimensión. Su tercer libro, Historias de hadas para adultos, fue en defensa de la fantasía, un grito de protesta que secundaron los lectores, pues se vendieron 25,000 ejemplares. Después salió publicado Fábulas de una abuela extraterrestre. Y más adelante El abrevadero de los dinosaurios, en el que “el tono era humorístico, porque se trataba de una sátira llena de situaciones absurdas que ridiculizaban y ponían en tela de juicio los valores que intentaban imponernos”, comentó Chaviano. Esto era una ficción totalmente transgresora, y fue ya con este último libro que se sintió obligada a despedirse de la isla. •
Esta historia fue publicada originalmente el 14 de octubre de 2014, 8:00 a. m. with the headline "Daína Chaviano cuenta su visión de la fantasía."