OLGA CONNOR: El inglés es el esperanto
Estas reflexiones sobre el lenguaje verdaderamente global se me ocurrieron cuando hace un mes estaba visitando la ciudad de Burdeos en Francia, y entre las maravillas de la ciudad vi un cartel gigante con el rostro del Coronel [Harland David] Sanders, el inventor del famoso Kentucky Fried Chicken, el pollo frito símbolo de Estados Unidos. Tan incongruente imagen en una ciudad de más de 2,000 años, cuyos más importantes edificios datan del siglo XVIII, me hizo pensar en la influencia de la cultura norteamericana en los sitios más tradicionales de Europa y del mundo.
El inglés es el esperanto del siglo XXI, el idioma que une al globo terráqueo, que hasta en la China se aprende con entusiasmo desde la infancia, que se habla en los pueblos más remotos del Africa, que comunica de modo universal. En el siglo XIX era el francés el idioma de la cultura. La música, y en realidad todas las artes que no usan el lenguaje hablado, también trasmiten. Por ejemplo, qué son si no los símbolos que se usan en las carreteras, en las instrucciones de cómo lavar las ropas, y en toda clase de avisos, sino imágenes dibujadas o pintadas para la comunicación. Y así también las banderas marinas.
La música, que muchas veces es inmarcesible, también se usa para trasmitir pensamientos, sentimientos y órdenes, como la de los himnos de las instituciones y países, las dianas en el ejército, y hasta la de los anuncios visuales de la televisión con la melodía acompañante, y para el comienzo de las noticias. En la película Encuentros en la tercera fase, de Steven Spielberg, ¿cómo se podrían relacionar los seres humanos con los extraterrestres? Al guionista y director se le ocurrió que con las notas musicales.
En Burdeos encontré también al profesor suizo de literatura española Elvezio Canonica de Rochemonteix, que me reveló un secreto, él es un experto en el esperanto y hasta me sugirió que me lo aprendiera con los esperantistas estadounidenses, que son bastante activos, pero menos que los de otros países.
“Ellos viven en una lengua hegemónica, o sea el inglés, y piensan que el esperanto es cosa de cuatro locos”, me dijo Elvezio. “Que sepas que es una lengua artificial, neutra, equitativa y universal, que sirve para el intercambio entre las personas a escala mundial. La creó el doctor Zamenhof, un judío polaco que sentó las bases de la lengua en un opúsculo que publicó en 1887 con el seudónimo de Doctor Esperanto, que en su lengua significa ‘el que espera’ ”.
Los primeros adeptos y discípulos de Ludovik Zamenhof le dieron este nombre a una lengua que quiere simplificar las reglas gramaticales, para que no haya excepciones. “Se forman las palabras añadiendo prefijos, infijos y sufijos a las raíces, que son mayormente (un 65%) de base latina, el resto son palabras de origen anglosajón (alemán e inglés)”, me explicó el profesor.
“En el esperanto se prefiere el uso del francés, en la parte de las lenguas neolatinas, porque en aquel entonces era la lengua internacional (todavía se sigue usando en los Juegos Olímpicos, por ejemplo, y en la diplomacia)”, añadió.
Lo que me interesó mucho es que se han traducido al esperanto todas las grandes obras de la literatura universal, y la Biblia, por supuesto. “Además, hay una activa y continua producción literaria en esperanto”, me informó Elvezio. “Cada año se organiza el Congreso Mundial, en el cual participan hasta unas 2,000 personas”. El último congreso tuvo lugar en Buenos Aires, y el próximo será en Francia, en Lille (julio-agosto del 2015).
Según Elvezio es una lengua que se aprende fácilmente para los que ya dominan otras lenguas, y no pretende en absoluto sustituir, sino representar una base neutra. “Lo cual no es el caso del inglés, que es la lengua nativa de muchas personas y países y que por lo tanto disponen de una ventaja clara a la hora del intercambio lingüístico”.
Lo fascinante del esperanto es precisamente algo que apuntó el profesor suizo, ¿será posible que la incomprensión que nos lleva a las guerras y hasta a las desavenencias más simples entre los amantes pudieran ser los errores lingüísticos?
Esto es lo que pensó Zamehof, ya que vivió en carne propia los estragos debidos a la guerra, lo que se plantea en la biografía de Henri Masson, “El hombre que desafió Babel” (2001). Aprender esperanto es una aventura del espíritu y de la mente, pero no creo que uno pueda desprenderse siempre de la traducción a la lengua materna. En otra reflexión podría acercarse uno al problema del bilingüismo, por las confusiones que produce entre sus practicantes, y que además está ya sucediendo en el mundo hoy día.
olconnor@bellsouth.net
Esta historia fue publicada originalmente el 22 de noviembre de 2014, 8:00 p. m. with the headline "OLGA CONNOR: El inglés es el esperanto."