OLGA CONNOR: El poder y la mentira
En un programa titulado El cerebro con David Eagleman: atascado en el presente, del miércoles 21 de octubre en WPB2, Canal 2, de la cadena pública PBS, se presentó una noticia biológica inusitada para la mayoría de nosotros. A varias personas les contaron, intercalada entre otras memorias verídicas, una historia ficticia sobre su niñez, y comprobaron que la mayoría de los engañados llegaron a considerarla como si fuera verdadera.
Y eso es lo que en realidad significa la mentira. Es una historia inventada por alguien, dicha a otra persona o a un pueblo completo, y la mente de la mayoría la acepta como real, e inclusive la adorna con la imaginación, como si fuera parte de sus vidas. Eso es lo que llegaron a comprobar los investigadores.
Esto es lo que se hace en Estados Unidos habitualmente con las grandes situaciones políticas. Por ejemplo, con la leyenda sobre George Washington, al crearle una frase que se relacionara con la verdad y el engaño. “I cannot tell a lie”, “No puedo decir mentiras”, supuestamente le respondió a su padre cuando lo cogió cortando su cerezo favorito, por lo que éste lo perdonó por haber sido honesto. Esta frase se ha convertido hasta en una de las preguntas de los crucigramas que se publican en este diario, tan mítica es, y tan mentirosa por demás.
Y ¿cuántas mentiras ha habido en Estados Unidos relacionadas con el poder para justificar una guerra, por ejemplo? La voladura del Maine en La Habana para justificar la Guerra Hispanocubano Norteamericana; “Remember Pearl Harbor”, “Recuerden Pearl Harbor”, para entrar en la Segunda Guerra Mundial (porque ya esperaban el ataque), y la excusa de armas químicas en Irak, nunca probada. Por eso hay que revisar todo lo que dicen los candidatos con mayor puntuación en los conteos actualmente, Donald Trump y Hillary Clinton, la cual al escribir estas líneas está frente al Congreso declarando sobre los ataques de Benghazi.
Las partes de esa declaración que hemos visto en la televisión indican que tampoco se puede confiar en los congresistas. Porque si son demócratas dicen todo lo que pueden para apoyarla, y si son republicanos, para crucificarla. Es decir no es una verdadera investigación, es un debate político. Hillary les ha contestado con un tono de agotado aburrimiento. El hecho de que se releyeran cartas de su correo electrónico previamente borradas solo la hizo sonreír, como diciendo desde las alturas, ¡qué idiotas sois!, así en plano de tú, a la castellana.
Para no ir mucho más lejos, en el debate de CNN el martes de la semana anterior salió como reina del cotarro, entre un grupo de apagados contrincantes, que parecían no estar allí, y el único que podría oponérsele, Bernie Sanders, decidió montarse en el burro (mascota símbolo de ese partido) detrás de ella, como lo dibujó un caricaturista, porque se quejó de que se siguieran mencionando los correos escondidos de la Clinton. El problema es que nadie nos dice la verdad. Le hacen caso a Trump, porque parece no tener pelos en la lengua, pero tiene sombras en su record de inversiones y en sus alianzas que hay que averiguar. Nadie nos dice la verdad en la política, ni los congresistas ni los aspirantes a candidatos.
Ni nuestros padres nos dijeron la verdad, ni nuestras iglesias nos han dicho la verdad. Francamente, todos hemos vivido siempre entre mentiras. ¿Qué otra cosa son los mitos, sino historias creadas alrededor de lo real para darles una estructura aceptable?
¿Qué significan para los niños los Reyes Magos en los países latinos, Santa Claus, en los sajones, para la época de Navidad, y para todas las épocas el mito de la cigüeña, que tan mal explica la crecida del abdomen de la mamá?
Pero lo más importante es lo que nos ha sucedido en la historia económica y política de este país. Como hemos podido atestiguar por el caso del señor Bernie Madoff, con su inmenso fraude Ponzi, en 2008, y en las cuentas nefastas de Wall Street por la misma época.
Una película nos sirve de ayuda, con el personaje interpretado por Leonardo di Caprio en la cinta “Atrápame si puedes”/ “Catch Me If You Can” (2002), basado en un caso real. Porque los personajes en la ficción nunca llegan a ser tan increíblemente engañadores como en el mundo real que les sirve de base. Oscar Wilde sabía mucho de esto al escribir una obra en la que los horrores en la vida del depravado Dorian Gray estaban retratados en un cuadro escondido en su desván.
En todas las corporaciones de este país, el sistema piramidal exige que los gerentes intermedios no divulguen una verdad que les obliga en muchos casos a tomar una acción que no pueden explicar, por lo tanto también mienten o se esconden. El mejor ejemplo del encubrimiento, el escaparse, es el de esa cinta con George Clooney titulada Up in the Air (2009), en que un extraordinario funcionario, que despide a la gente en grandes corporaciones en lugar de sus verdaderos jefes, entrena a una chica a hacer lo mismo. El modus operandi es totalmente engañoso, como si a la empresa le importara un rayo lo que le sucede al empleado.
Por eso lo que uno debe hacer como ciudadano con derecho a elegir es decidirse por el tipo de modelo de gobierno que quisiera y las probabilidades de que su candidato lo pudiera llevar a cabo, pero no por sus promesas, porque las mentiras se interpondrán a sus expectativas. Y en el poder todo es verdad, hasta la mentira, y todo es mentira, hasta la verdad. Porque quizás queremos que nos mientan, que nos hagan creer que es posible llevar a la práctica el ideal cuando se obtiene el poder, algo tan difícil de obtener.
Esta historia fue publicada originalmente el 24 de octubre de 2015, 1:54 p. m. with the headline "OLGA CONNOR: El poder y la mentira."