OLGA CONNOR: Aeropuerto Tempelhof al rescate de los refugiados
Nadie podría imaginar lo que sentí cuando entré en Tempelhof, el histórico aeropuerto abandonado de Berlín Occidental, en mi viaje a la capital de Alemania en el 2013. Estaba silencioso y sombrío, pero se veía imponente, inmenso e imperial. Lo había reconstruido el Führer Adolf Hitler en 1935, con su arquitecto favorito Albert Speer, para darle esa tónica masiva y altanera en todo lo que hacía. Ahora está de nuevo bullicioso y se prepara para colmarse de los refugiados que llegan diariamente a la ciudad.
En Alemania y en el mundo entero, Tempelhof es recordado como el aeropuerto que sirvió para el rescate de los alemanes del sector occidental de Berlín entre 1948 y 1949, cuando los soviéticos cerraron todas las entradas por tierra del abastecimiento a esa parte de la ciudad dividida tras el triunfo de los aliados.
Pero también sirvió el aeropuerto, mientras estaba en funciones, para un cubano que aterrizó allí en un vuelo especial en junio de 1960 para nunca más volver a Cuba. El fue a declarar, a una reunión de intelectuales y artistas del Congreso por la Libertad de la Cultura (CLC), que Cuba había entrado en la Guerra Fría al rechazar Fidel Castro el eje de los países democráticos, y estar colocando a los comunistas en los puestos clave del gobierno.
Aquel cubano fue invitado al mismo tiempo que uno que antes había sido su rival político en Cuba, pero se unieron para hacer frente a la nueva dictadura totalitaria de izquierda que descendía con fuerza sobre el país. Su antiguo adversario era quien que había sido ministro de Educación y luego de Estado en el gobierno del Presidente por el Partido Auténtico, Carlos Prío Socarrás: Aureliano Sánchez Arango, ya exiliado en México. Este otro había aspirado, antes del golpe de Batista, a postularse como representante a la Cámara por el Partido Ortodoxo que fundó Eduardo Chibás, el abogado, profesor y columnista del Diario de la Marina, Pedro Vicente Aja y Jorge. El viajó con el rector de la Universidad de Puerto Rico en ese entonces, Jaime Benítez, ambos desde Nueva York, adonde había llegado Aja vía Miami desde La Habana.
La declaración de ese congreso, señalando el desarrollo del comunismo en Cuba, fue aceptada, firmada y publicitada alrededor del mundo, pero solo como un aviso al nuevo gobierno de que no debiera lanzar a Cuba a la Guerra Fría.
La reunión se celebraba en Berlín precisamente porque el CLC se había fundado en 1949 a raíz de lo que se llamó “el corredor de Berlín”, por los escritores occidentales para apoyar esos viajes aéreos de libertad que llegaban con la ayuda de alimentos, carbón y medicinas al Berlín cercado por las fuerzas soviéticas. Fueron más de 212,000 vuelos para el transporte de toneladas de comida en aquel año solamente.
Aunque más tarde se reveló a fines de los años 1960 que la CIA era la fuente principal del CLC, su característica más notable era que reunía a intelectuales antiguamente afiliados al comunismo, pero que se habían rebelado contra el mismo por diversas causas. Entre ellas, el totalitarismo estalinista y el enfrentamiento soviético a los países occidentales que le habían servido de aliados durante la Segunda Guerra Mundial.
El aeropuerto Tempelhof finalmente se cerró en 2008, al haberse construido otros más modernos habilitados para aviones de mayor fuselaje. Nunca más se usó de modo permanente, porque se argumentó que en su reconstrucción se había permitido que los prisioneros hicieran trabajos forzados durante el Tercer Reich, nos dijo nuestro guía. El se lamentaba de la falta de uso de tan hermoso e imponente edificio. Pero este último año fue convertido en parque de la ciudad y en sede de algunas ferias.
La construcción se había comenzado en 1920 y terminado en 1927, convirtiéndolo en el mayor aeropuerto comercial y uno de los 20 edificios mayores de la Tierra. A mediados de los años 1930 Hitler decidió reconstruirlo para que fuese mayor aun, un testamento a la hegemonía germana. En su tiempo se consideró muy importante que los aviones pudieran acercarse al edificio por los techos en forma de alero gigante que se extendían para cubrir los pasajeros de las inclemencias del tiempo al bajarse de los aviones.
Subimos las escaleras dentro del edificio y paseamos por sus colosales hangares y espacios vacíos. Nos preguntábamos qué iba a suceder con tanto espacio. Ahora, como en 1948, lo están preparando para una misión de ayuda. Cientos de cabinas prefabricadas con literas y toldos están albergando ya a casi 1,000 refugiados. Porque han llegado a Berlín más de 30,000 personas, y ya no tienen lugar donde situarlas. De Afganistán, Pakistán y Siria llegan con la ilusión de libertad prendada del alma. Han atravesado Turquía, los Balcanes, Hungría y Austria hasta llegar allí, a este nuevo sitio de rescate en medio de Berlín.
Los berlineses parece que han apoyado este plan, porque para ellos el aeropuerto significó su vida gracias a la solidaridad internacional que recibió con el puente aéreo. Nunca han querido que se destruya ni se fabriquen casas allí. Y aceptaron ahora el plan de usarlo como refugio.
Yo también me siento parte de esa cadena con el Tempelhof. Este es mi homenaje al aeropuerto. Pedro Vicente Aja y Jorge fue mi esposo. Cuando él lo usó en su propio puente aéreo, yo lo esperaba con nuestra hija en Pompano Beach, Florida. Allí en Berlín se decidió nuestro destino. Así comenzó nuestro exilio.
olconnor@bellsouth.net
Esta historia fue publicada originalmente el 7 de noviembre de 2015, 11:28 a. m. with the headline "OLGA CONNOR: Aeropuerto Tempelhof al rescate de los refugiados."