OLGA CONNOR: Reinterpretación de la ‘yihad’
Si Mahoma estuviera vivo hoy, ¿qué diría de los ataques terroristas de París el viernes 13 de noviembre, y de los otros que le han antecedido, de los salvajes degollamientos del autodenominado Estado Islámico EI (ISIS por sus siglas en inglés), y de los actos indiscriminados de barbarie contra los civiles e indefensos? Según los ideales del Corán, el libro divino de los musulmanes, todo esto sería blasfemia. Y, sin embargo, se cometen en nombre de Alá.
Me remito al libro Solo hay un Dios, breve historia de la evolución del Islam, de Reza Aslam (Indicios, 2015), que resume la esencia de lo que se desarrolló lentamente en el Corán sobre la doctrina de la “yihad”. Esta doctrina, en lo que toca a la guerra, “tenía la finalidad concreta de establecer las diferencias entre las guerras preislámicas y las islámicas, e infundir en estas últimas una noción ‘ideológica / ética’ que hasta ese momento no existía en la península arábiga”, según Aslam.
Hasta ese entonces no era conocida la distinción entre combatiente y no combatiente. Pero en el Corán, se prohíbe matar a los civiles. “Así la matanza de mujeres, niños, monjes, rabinos, ancianos o cualquier persona no combatiente estaba absolutamente prohibida bajo cualquier circunstancia”. Era ilegal también la tortura de prisioneros de guerra, la mutilación de los muertos, la violencia sexual, el homicidio de diplomáticos, la destrucción arbitraria de propiedades, la demolición de instituciones religiosas o médicas. En realidad, como explica Aslam, todo esto fue un avance ético moral, que luego se sumó a las leyes internacionales de la
guerra.
No creo que el profeta Mahoma, que comenzó una religión universal que hoy tiene de prosélitos a una de cada cinco personas en el mundo, jamás justificaría esas matanzas sin justicia ni reglamentos. Si fueran guerras justas debieran por lo menos “tener justicia” en ellas. Porque el Corán precisamente reglamenta las guerras, no da pie en sus doctrinas a matanzas indiscriminadas.
Un grupo de estudiantes en París ha protestado contra estos actos, Etudiants Musulmans de France (EMF), y a través de la red ha pedido que “se combata con firmeza el terrorismo”. No llaman “yihadistas” a los perpetradores de estos actos en ningún momento. No aceptan por tanto la palabra o concepto que utilizan los medios occidentales para referirse a estos asesinos.
Luego no creo que nosotros como occidentales debiéramos llamar “yihadistas” a los que propugnan el Estado Islámico, ya que lo que hacen es plantarse en un territorio y tratar de expandirlo. No son verdaderos representantes de la religión que fundó Mahoma, ni del significado original de la “yihad”. Llamémosle lo que son: terroristas que quieren conquistar al Occidente en nombre de una religión a la que les son traidores.
Es cierto que como explica Aslan la “yihad” como concepto, que originalmente significaba “esfuerzo o empeño” religioso, se ha ido expandiendo y cambiando. Han pasado unos 1,400 años del comienzo del Islam en el año 622 después de Cristo, y ha habido muchas reinterpretaciones de lo que es la “yihad”. Además han surgido facciones opuestas desde el principio, algo similar a lo que había antes del Concilio de Nicea en 325, a las consideradas herejías del Medioevo, y a los luteranos y católicos en el siglo XVI de la religión cristiana. Entre esas divisiones se destacan las de chiítas, seguidores del yerno de Mahoma, Alí, y sunitas, los seguidores de los primeros califas, que son esenciales en el conflicto actual.
Los guerreros de ISIS no están tratando de expandir su fe, sino de conquistar espacios. La prueba de eso es que otros estados musulmanes de la zona los han declarado como terroristas, y han prometido luchar contra ISIS. Pero hace falta un repudio público de los países musulmanes junto con los del Occidente, de esta salvaje reinterpretación de la “yihad”.
Esta historia fue publicada originalmente el 21 de noviembre de 2015, 4:30 a. m. with the headline "OLGA CONNOR: Reinterpretación de la ‘yihad’."